Mis libros

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domingo, 6 de julio de 2014

El penal y las reformas

«No fue penal», seguía rebotando el eco una semana después. Mientras tanto allá, donde los mortales no tenemos injerencia —no hablo del cielo ni del infierno sino del Senado— se aprobaron las leyes secundarias de la reforma en telecomunicaciones, que de acuerdo con los que saben (me excluyo) tratan sobre la preponderancia de empresas por sector, la transición de la televisión analógica a digital, restricciones al cobro de servicios en telefonía, inversión extranjera, derechos de autor y administración pública federal.
Hay más en las letras chiquitas. Los que están del lado de las televisoras dicen que el malo de la película es Carlos Slim. Y los que lo apoyan dicen que es el pago del presidente a Televisa por su apoyo en la campaña presidencial. Yo no me atrevo a defender ninguna de las dos versiones porque no me consta. Y no es eso de lo que quiero hablar sino de la ciudadanía…
¿Cuántos de nosotros entendemos ampliamente lo que se está jugando con estas reformas? Yo no, porque no he leído el dictamen y estoy seguro de que ninguno de los que está leyendo este texto tampoco. Sabemos lo que sabemos gracias a los medios. O mejor dicho «a lo queremos entender». Pues estos mensajes siempre vienen un poco adulterados: Primero la incomprensión del redactor de la nota. No digo que sea tonto sino que ciertamente creo que las leyes están redactadas para que no se entiendan y se malinterpreten o se interpreten de acuerdo a las necesidades. Segundo un poco de cizaña —u omisión— por parte de quien nos expone la reforma en radio, televisión o prensa. Y tercera lo que entendemos y lo que queremos entender. Pues hay algunos que aunque les expliquen con manzanitas piensan: «Ya nos jodieron, ya nos jodieron, ya nos jodieron».
Lo que más se ha cacareado sobre estas reformas es que habrá más canales de televisión y mejor programación. Ya se pueden reír. ¿A poco a los mexicanos les interesa tener mejor programación? ¿Estamos hablando de los mismos que llevan ocho días lloriqueando que no fue penal?
¿Para qué tanta música si no hay con quién bailar? Supongamos que se crean dos nuevos canales de televisión abierta. ¿Cuál sería esa supuesta mejor programación? ¿Documentales, cine de arte, series hechas con mejor calidad, ya por lo menos, no tan estúpidas? Ahí están el Canal 22 y el Once y muy pocos los sintonizan. Seamos honestos: los mexicanos no exigen mejor programación. Si fuera cierto apagarían la televisión. Con eso, les aseguro, las televisoras cambiarían su programación lo más pronto posible.
Ya lo dije anteriormente: ¿Por qué no lo hacen? Por la misma razón por la que un taquero no vende ensaladas o tacos de ochenta calorías. Al cliente lo que pida.
También pueden leer mi nota "La cultura de la idiot-sin-gracia": http://antonioguadarramacollado.blogspot.mx/2014/07/la-cultura-de-la-idiot-sin-gracia.html

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