Mis libros

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miércoles, 28 de octubre de 2015

The Walking Dead

El apagón analógico me tiene sin cuidado. De hecho, mi televisor no tiene antena ni cable. Solo Netflix. Esto se debe a que en las últimas dos décadas mi relación con la televisión era casi nula. Me aburría tanto que me quedaba dormido y eso que ni de chiste le ponía a la programación de Televisa y TvAzteca. Tuve Dish unos cuantos años y lo único que veía era los noticieros de CNN, MVS y el Canal Once. De vez en cuando una película o alguna serie. Doctor House me gustaba al principio, luego me pareció exagerado e inverosímil. Por muy fregón que sea tu jefe no le aguantas tanta humillación. Menos en Estados Unidos donde se interponen demandas legales por cualquier tontería. La ley y el orden me cansó. Entre mis preferidos estaban The Good Wife y Lie to me, ambos casi impecables.

Intenté comprometerme con otras series de televisión pero terminaba fastidiado. The L Word, me pareció interesante por el enfoque, comenzó bien y pronto salió con una cadena de tonterías. Chicago Fire era muy inconsistente. La primera temporada de Orphan Black es buena, lo demás va empeorando poco a poco. Boardwalk Empire me gustó pero me aburrió, no tanto como Mad Men. Los Soprano todavía no la he visto. Ante Game of thrones me quito el sombrero. Los Borgia, también me pareció una gran producción.
 
Un día apareció Netflix y cancelé mi subscripción de Dish y adiós a los comerciales. No saben cuánto los detesto, y más esos que tratan al televidente como idiota. Igual los de radio. Sterern, Spring Air y Seguros el Águila se llevan el primer lugar en idiotez.

Pero les estaba contando sobre las series de televisión que he visto. Lástima que Boss sólo duró una temporada. Era mejor que House of Cards, la cual se desplomó en la tercera temporada. Creo que les dio miedo tiranizar la imagen del presidente gringo. Breaking Bad marcó un antes y un después. Y vaya que me rehusé a verla, pues creía que era algo así como La ley y el orden en versión narcos gringos. Aunque hay algunas cosas que me parecieron absurdas (como las pésimas representaciones de los latinos) la serie me pareció una producción excepcional. Pero lo mejor de todo fue el análisis psicológico de los protagonistas.

Después de Breaking Bad creí que no encontraría algo mejor en televisión, pero apareció The Walking Dead. La verdad es que la serie ya iba en la quinta temporada. Pero me negaba a verla por el tema de los zombis. Siempre imaginé que sería un serie tonta y con soluciones sacadas de la manga. No sé, el asunto de los zombis sigue sin convencerme. No me gustan. Se me hace estúpido que haya gente que se disfrace de zombi. Un zombi es un ente que no piensa. ¿Quién quiere asemejarse a alguien que no piensa? (Es una pregunta retórica.)

Total que en unas cuantas semanas me eché cuatro temporadas. Mientras desayunaba, comía y cenaba, cuando me daba insomnio o cuando me deba la gana de no hacer nada.

Insisto, el tema de los zombis me parece inverosímil pero lo que verdaderamente me atrapó fue el tratamiento que se le dio a la serie, a los personajes, a los hechos, las historias. Los protagonistas están perfectamente delineados. La diferencia entre Game of Thrones y The Walking Dead es que la primera sucede en un mundo ficticio y los asesinatos se vuelven superficiales. En la segunda son seres humanos, como nosotros, con vidas cotidianas, que de pronto tienen que aprender a sobrevivir.


Un profundo análisis de la humanidad. La modernidad, la tecnología, la sociedad en que vivimos nos hace de la forma en que somos y creemos conocernos. Lo cierto es que las catástrofes son la prueba de fuego. Mientras veía cada uno de estos capítulos me preguntaba cómo reaccionaría yo. ¿Abandonaría a mis compañeros para salvar mi vida o me quedaría con ellos hasta el final? ¿Mataría a los enfermos de gripa, como lo hizo Carol, para evitar la propagación? ¿Tendría miedo como Eugene?

jueves, 15 de octubre de 2015

Aprender, entender y escribir sobre tantas cosas.

El domingo pasado, en la firma de libros, algunos lectores aseguraban haber leído todos mis libros, a lo cual respondí con una pregunta: “¿Incluyendo Sueños de frontera y La nota roja?” Unos respondían orgullosos que sí; otros que no, lo cual no es malo. No están obligados. Pero llamó mi atención la respuesta de dos de ellos: “A mí sólo me interesa leer sobre las culturas prehispánicas”. 

No es la primera vez que algún lector me dice algo parecido. Pero cada vez que eso ocurre siento como si estuvieran condenado mi carrera literaria a un solo género o a una muerte prematura. Algunas personas han mal interpretado mi trabajo como una obsesión por los aztecas. Me gusta escribir sobre tlatoanis, tanto como la literatura policiaca, ciencia ficción, la novela negra, y muchos otros géneros.

No imagino mi vida escribiendo únicamente sobre los aztecas. (Sería como comer pizza todos los días hasta el último día de mi existencia). Tengo un cerebro muy inquieto, con ambiciones mayores. Necesito aprender, entender y escribir sobre tantas cosas. El mundo y la vida son demasiado amplios como para permanecer encerrado en un cajón.

Seguiré publicando sobre los aztecas, pero no serán mi prioridad. Estoy escribiendo otro tipo de novelas, con temas actuales, ciencia ficción, policiaca, novela negra y otros géneros. También quiero explorar la historia universal, la independencia y la revolución mexicana, qué sé yo, mientras tenga vida y salud, seguiré. Espero me acompañen.

martes, 13 de octubre de 2015

La revista Playboy, sin desnudos

La revista Playboy ha informado que eliminará las fotos de mujeres desnudas en su revista, lo cual me parece una decisión muy inteligente. La revista tiene contenido muy interesante y su público es bastante culto como para prescindir de dichas imágenes.

Aplaudo la decisión de la revista Playboy, no porque me haya parecido malo que publicaran desnudos, sino porque ha roto con esquemas por segunda vez en la historia.
Hugh Hefner, uno de los pioneros de la revolución sexual en los Estados Unidos y el mundo, creó en 1975 una revista para venerar la belleza del cuerpo femenino, algo que hasta el momento no se había hecho. Seamos sinceros, sin importar el género que seamos o nuestras preferencias sexuales, ¿a quién no le gusta admirar un cuerpo hermoso y desnudo?

Hefner rompió las cadenas de la censura pero le abrió la puerta a la degradación de la imagen femenina, surgieron las revistas pornográficas. Aclaro: la revista Playboy jamás fue pornográfica, por el contrario, siempre fue elegante. La creación de la mansión Playboy y sus programas de televisión distorsionaron el trabajo de Hefner. Mostraron a la mujer como un objeto sexual y seres poco pensantes.


Ahora, la revista playboy envía un nuevo mensaje, aunque no sea esa su intención: "Ahora estamos a un clic de cualquier acto sexual que se puedan imaginar y encima gratis." ¿Se han rebasado los límites? ¿Cuáles eran esos límites? ¿Hay forma de detenerlo? ¿Hace daño la vasta cantidad de contenido pornográfico en la red? ¿Es necesario cambiar o estamos bien como estamos?