Mis libros

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lunes, 8 de febrero de 2016

La visita de Estado del papa

La visita del papa a Ciudad Juárez —de acuerdo con el sacerdote Hesiquio Trevizo— tendrá un costo de 20 millones de pesos. algo así como 130 coches del año. Eso solo por una visita de nueve horas.

Supongamos que cada uno de los cinco días que estará el papá en el país nos cueste 20 milloncitos, aunque todos sabemos que el costo en la Ciudad de México será mucho mayor. A ojo de buen cubero, estamos hablando de unos ¿cien millones de pesitos? ¡Ni quién le haga falta!
Lo cierto es que el costo es muchísimo mayor. Todos hemos visto por toda la ciudad los espectáculares con la foto de Francisco, los cuales cuestan entre 25 y 100 mil pesos al mes. Desde hace semanas le han estado hechando una manita de gato a las calles por donde transitará el potato. Sí, ya esperaban que le llamara así, lo sé... eh!

Ahora bien, ¿quién pagará la pachanga? Señoras y señores: ¡Nosotros! Sí, con nuestros impuestos.
De acuerdo con la Constitución Mexicana, vivimos en un Estado laico, es decir que el gobierno no puede hacerle ojitos en público a la iglesia. Pero la visita del papa es una visita de Estado y el Gobierno Federal y los estatales están asumiendo los costos de esta visita.

Respeto sus creencias. Todos somos libres de profesar la religión que nos dé la gana. Pero la ley es la ley. Y si tenemos el coraje para exigirle cuentas claras a los políticos (ya sea por la casa blanca, el caso Ayotzinapa, etc.), también deberíamos tenerlo para demandar que se cumpla la Constitución. Estado laico. ¿O seguimos con eso de la ley como te acomode?

Anexo un poquito de ese libro que casi nadie lee en este país:

Articulo 24. Todo hombre es libre para profesar la creencia religiosa que más le agrade y para practicar las ceremonias, devociones o actos del culto respectivo, siempre que no constituyan un delito o falta penados por la ley.

El congreso no puede dictar leyes que establezcan o prohíban religión alguna.

Los actos religiosos de culto público se celebrarán ordinariamente en los templos. Los que extraordinariamente se celebren fuera de estos se sujetaran a la ley reglamentaria.

Articulo 130. El principio histórico de la separación del estado y las iglesias orienta las normas contenidas en el presente artículo. Las iglesias y demás agrupaciones religiosas se sujetarán a la ley.

Corresponde exclusivamente al Congreso de la Unión legislar en materia de culto público y de iglesias y agrupaciones religiosas. La ley reglamentaria respectiva, que será de orden público, desarrollara y concretará las disposiciones siguientes:

A) Las iglesias y las agrupaciones religiosas tendrán personalidad jurídica como asociaciones religiosas una vez que obtengan su correspondiente registro. La ley regulará dichas asociaciones y determinará las condiciones y requisitos para el registro constitutivo de las mismas.

B) las autoridades no intervendrán en la vida interna de las asociaciones religiosas.

C) los mexicanos podrán ejercer el ministerio de cualquier culto. Los mexicanos así como los extranjeros deberán, para ello, satisfacer los requisitos que señale la ley;

D) en los términos de la ley reglamentaria, los ministros de cultos no podrán desempeñar cargos públicos. Como ciudadanos tendrán derecho a votar, pero no a ser votados. Quienes hubieren dejado de ser ministros de cultos con la anticipación y en la forma que establezca la ley, podrán ser votados.

E) los ministros no podrán asociarse con fines políticos ni realizar proselitismo a favor o en contra de candidato, partido o asociación política alguna. Tampoco podrán en reunión publica, en actos del culto o de propaganda religiosa, ni en publicaciones de carácter religioso, oponerse a las leyes del país o a sus instituciones, ni agraviar, de cualquier forma, los símbolos patrios.


Queda estrictamente prohibida la formación de toda clase de agrupaciones políticas cuyo título tenga alguna palabra o indicación cualquiera que la relacione con alguna confesión religiosa. No podrán celebrarse en los templos reuniones de carácter político.

jueves, 4 de febrero de 2016

Adiós a la ropa masculina

Por mucho tiempo tuve miedo a hacer pública mi condición trans. Hacerlo implicaba muchas cosas. Entre tantas, la posibilidad de arrepentirme. "¿Y si se trata tan sólo de una faceta?", me pregunté por casi treinta años. Hoy me da risa, pero no fue nada fácil. "¿Y si me arrepiento? ¿Y si...?"

En estos días he estado regalando mi ropa de hombre, mucha de ésta prácticamente nueva. Tenía unos zapatos blancos que utilicé a lo mucho unas seis veces. En los últimos cinco años he vivido como mujer en mi casa; únicamente usaba ropa de hombre para salir a la calle, generalmente jeans, tenis, camiseta y una chamarra enorme para ocultar mis senos cada vez más evidentes gracias al tratamiento de remplazo hormonal. Y a las presentaciones de libros, ropa formal, saco y las ya famosas boinas, para parecer escritor.
Todavía hace unos días me cuestionaba si en verdad quería regalar esa ropa. Por un instante pensé que podría utilizarla, pero la simple idea me parecía indeseable. No me nace. No puedo.


Para no hacerles la historia más larga: al momento de regalar esas prendas no sentí culpa, ni temor, ni nostalgia; más bien una inmensa alegría porque por fin se estaba liberando un gran espacio en mi ropero.