Mis libros

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martes, 30 de septiembre de 2014

Mi opinión sobre el nuevo reglamento del IPN.



Hace algunos años se llevó a cabo un estudio psicológico, que consistía en situar a un hombre tirado en una calle por donde transitaban muchos peatones. Al principio nadie se detuvo a ver qué le sucedía a aquel hombre que se quejaba de un dolor de estómago. La indiferencia era asombrosa. Hasta que una mujer se detuvo un instante, dudó en ayudar, siguió su camino, regresó y finalmente le preguntó al hombre si necesitaba ayuda. Entonces las demás personas que caminaban por ahí comenzaron a imitar a la mujer. De pronto casi todos se detenían para ver u ofrecer su ayuda.

Conclusión: A la mayoría le importa una chingada lo que les suceda a los demás, aunque obstaculicen la banqueta por donde caminan. Seamos honestos: ¿Quién de ustedes se ha detenido en la calle para auxiliar a un indigente alcoholizado? Pero eso sí, cuando la ayuda se vuelve comunitaria o popular entonces muchos participan o fingen que quieren participar. Como ejemplo están el Ice bucket challenge y el Teletón.

Lo mismo sucede con las manifestaciones y los levantamientos armados. Hay que sumarse al grito de guerra, aunque no se entienda bien el motivo. La gran mentira sobre la independencia y la revolución mexicana es que el pueblo se levantó en armas. Lo mismo ocurrió con las autodefensas en Michoacán. La gente no hace ese tipo de cosas por sí solas, ni aquí ni en ninguna otra parte del mundo. Siempre hay alguien con poder y dinero dirigiendo la orquesta.

Pero para dirigir una orquesta tan grandota se necesita una batuta que hipnotice, que encienda a las masas. ¡Vamos, camaradas! ¡No se dejen engañar! ¡Detrás de estas modificaciones está la llamada Alianza por la calidad educativa, firmada por la directora del IPN, Yoloxóchitl Bustamante, quien acordó un nuevo sistema único de bachillerato, por lo que las escuelas de más alto nivel deben reducir sus estándares educativos para estar al nivel de otros centros educativos, en el cual el nivel es menor!

—Pues, ¿de cuál fumaron? —podríamos preguntarnos. Pero no fumaron. O por lo menos lo que fumaron no les provocó esto. La respuesta está en el primer párrafo de este artículo. Basta con que alguien se detenga en medio de la banqueta a preguntarle al hombre en el piso qué le sucede.

Pero volviendo a lo del IPN. En verdad se necesita tener un cuarto de neurona para creerse toda esta sarta de babosadas que les han metido por los oídos. Aquí va otro poco de lo que argumentan:

Dicen que las reformas promovidas por el gobierno de la República atraerán a las empresas extranjeras, a las que, aseguran, se les prometió mano de obra barata, y que reducir las ciencias de los planes de estudios es para quitarle el carácter científicos a la institución y propiamente a los alumnos, porque un centro de estudios científicos y tecnológicos en donde no se enseñan ciencias se convierte en una simple escuela de capacitación técnica.
Los voceros —que no son los organizadores, pues estos nunca dan la cara— dicen no estar de acuerdo con la forma en que hicieron el reglamento, de manera forzada, apresurada y excluyendo a la comunidad politécnica.

Primero, deberíamos aclarar este detalle olvidado por todos los que se están manifestando: las direcciones de las universidades públicas no están regidas por una democracia. Cuando un alumno se inscribe a una universidad se le entrega el plan de estudios y ya. “Vas pa’ dentro, chavo. El que sigue.” ¿De cuándo acá puede un alumno exigir si quiere o no tomar una materia?

Además, ¿qué les hace creer que con la reducción de materias el conocimiento queda secuestrado? El aprendizaje es personal. El que quiera más es libre de meterse a una biblioteca el tiempo que guste.
Para finalizar argumentan que el nuevo reglamento interno se pasa por encima a la Constitución y violenta tratados internacionales como la carta de los derechos humanos. ¿Cómo? ¡Que lo expliquen! ¿Por qué siempre tienen que utilizar argumentos tan burdos sin ir hasta el fondo?

¿Quién se beneficia con estas protestas? Opositores tanto de Yoloxóchitl Bustamante y del gobierno actual.

¿Cuántos de los inconformes con el nuevo reglamento interno del Politécnico se tomaron el tiempo de leerlo de principio a fin —y el anterior para cotejar y comparar— antes de entonar el grito de guerra? Es una pena que haya tanta gente ciega y sorda.
Aquí el documento para los que les interese:

http://www.ipn.mx/Documents/Reglamento-Interno-CGC24-SEP-2014.pdf?iframe=true&width=100%25&height=100%

jueves, 25 de septiembre de 2014

La mediocridad en la ortografía

A veces me irrita muchísimo leer la manera en que escriben algunas personas en internet, lo cual no aplica con mis lectores. Afortunadamente la gran mayoría escribe con un margen de erratas, digamos, aceptable.

Uno no nace con un chip de ortografía integrado. Entiendo que hay gente que no tuvo la oportunidad de ir a la escuela. Acepto incluso que parte de la culpa les corresponda a algunos profesores incompetentes. Y, ¿por qué no?, también algunos padres y madres holgazanes. Digo, todos cometemos faltas de ortografía, a veces absurdas y otras inverosímiles, como sopa de letras, ¿qué quiso decir? Pero hay un límite.

Si ya tienen la capacidad de escribir y de abrir cuentas en las redes sociales, creo que debe haber un poco de juicio para percatarse de que están escribiendo —no pésimamente mal—, lo que le sigue. "X" en lugar de “por”; "C" en lugar de “sé”; "D" en lugar de “de”; "Q" en lugar de “que”; "M" en lugar de “me”. ¿De verdad es tan difícil agregar una o dos pinches letras más al momento de escribir? ¿Qué hay de complicado? Y el colmo de todo esto: ¡Las redes sociales tienen corrector automático!

Las faltas de ortografía en la juventud mexicana son el reflejo de la patética debacle por la que está transitando la preparación académica, la falta de lectura, la holgazanería, la indiferencia, y por supuesto, la incapacidad de cada uno de estos individuos para comprender que errores tan insignificantes son catastróficos para su imagen laboral y personal.

Sí, ya imagino lo que pasará por las mentes de los que se sientan ofendidos. Algunos mexicanos se han instalado convenientemente en el trono del conformismo, y al grito ridículo de un pobre diablo se defienden: "Me vale madres lo que piensen de mí. Si ya saben que soy un mediocre para que leen lo que escribo en el feis".

jueves, 11 de septiembre de 2014

El futuro y la dependencia

Jamás he tenido un iPhone, ni ningún otro celular que se acerque a su costo. La única diferencia entre esta marca y otra es el lujo. Muchos tendrán decenas de argumentos para debatir, pero para mí, ambos cumplen con lo esencial y eso es lo que cuenta. 

No digo que jamás tendré un teléfono de esta marca. Soy lo suficientemente humilde como para aceptar un regalo tan soberbio. Ah... El caso es que, sigo sin entender el furor que ha generado este tipo de productos. Las pocas veces que he comprado teléfonos inteligentes (tres) he durado poco con la emoción: unas cuantas horas. Luego de entender su funcionamiento y rebuscar entre las supuestas maravillas termino preguntándome a tono de Bugs Bonny: ¿Eso es todo, amigos?

El año que viene, y el que sigue, y el que sigue, veremos la misma historia: más mega pixeles, cámaras ultra fabulosas, unos cuantos gramos menos de peso y milímetros de más en el tamaño y todos esos detalles, para mi insignificantes y para muchos, la gran diferencia.

Lo que sí me intimida es el futuro y la dependencia que está generando toda esta tecnología. Estamos olvidando la esencia de la vida, la virtud de ser autosuficientes. Ya no recordamos números telefónicos. Peor aún, ni siquiera hacemos llamadas telefónicas. No me imagino la vida con un reloj que me avise cuántos pasos he dado en el día o que controle mi peso. De por sí, me incomoda la idea de saber que estos aparatos llevan un control sobre mi ubicación. Me siento vigilado.