Mis libros
sábado, 29 de noviembre de 2014
Lo dije y lo sostengo: los programas de Chespirito eran estúpidos, misóginos y denigrantes.
Basta con ver cinco minutos de cualquier capítulo de El chavo para comprobar que en su programa se fomentaba la violencia física y psicológica hasta el hartazgo: golpes entre el chavo y Quico, las cachetadas, humillaciones y adjetivos denigrantes de doña Florinda, y toda la violencia que ejercían los demás personajes.
¿Discriminación? También. Si mal no recuerdo, hace unos meses todo el país se desgarraba las vestiduras porque hay bullying en las escuelas… pero no importa que sus niños aprendan en El Chavo cómo discriminar al niño con sobrepeso, a la niña por ser niña, a la señora por ser viuda o por ser soltera y a la eterna víctima: Roberto Gómez Bolaños, en cualquiera de sus personajes, por ser tonto, huérfano o anciano.
¿Fomento a la mediocridad? Sí, Chespirito siempre representó personajes mediocres que generaban lástima y abanderaban la auto compasión. "¿Qué tienes, Chavo?" "Hambre". ¿Jodidos nacimos y jodidos moriremos?
La comedia de Chespirito es idiota por donde se le vea. El mismo chiste repetido miles de veces:
1. El tropezón: en una película de Chespirito se tropieza con todos los objetos de una oficina por aproximadamente cinco minutos. No creo que haya un ser vivo (ni retrasado mental ni borracho) en este planeta capaz de tropezarse con tantas cosas en tan poco tiempo.
2. La cachetada, puñetazo o coscorrón: los programas de Chespirito se produjeron desde 1966 hasta 1995. Supongamos que en cada emisión hubo mínimo 20 golpes. Un capítulo por semana, 52 por año, por 20 cachetadas, por 29 años: alrededor de 30,160 golpes, ¿hay alguien que crea que esto no fomenta la violencia entre los niños?
3. La misma respuesta: Todos conocemos por lo menos cinco de las muchas frases de estos personajes. De acuerdo con estudios psicológicos solamente los niños menores de 8 años pueden reírse del mismo chiste tantas veces. (Por nombrar una: las etapas de desarrollo de Jean Piaget). De hecho las telenovelas mexicanas están hechas para gente con cociente intelectual de ocho años.
(Sí, yo también veía este programa cuando tenía entre cinco y ocho años. Quizá cuando era muy chico me hacía reír, pero con el paso de los años llegó el desencanto hasta que se volvió insoportable.)
Si es un programa tan tonto, ¿por qué gusta tanto? ¿Por qué se transmite en tantos países? Porque la comedia inteligente no es comercial, la comedia local, menos. Por eso México no importa programas de comedia de otros países latinoamericanos. Y porque en todos los países del mundo hay televisión idiota, incluso en Japón. Por eso la comedia de Jim Carry es igual de estúpida, porque es general y se vende en todo el mundo.
Llama mi atención que para muchos, decir que EPN es un pendejo es casi un acto revolucionario; decir que los programas de Chespirito eran idiotas, es una bajeza.
La indignación de tanta gente por las critica a Chespirito debe servirnos como referente de la baja exigencia en calidad de contenidos televisivos.
martes, 25 de noviembre de 2014
Encuentren las similitudes entre estos 4 sexenios:
El 29 de noviembre de 1997 se llevó a cabo la primera gran
marcha ciudadana contra la inseguridad en Paseo de la Reforma. Convocada por
empresarios. Entre los manifestantes se encontraban Carlos
Fuentes, Carlos Monsivais, Eduardo Bours, (entonces presidente del consejo del
Consejo Coordinador Empresarial y años más tarde gobernador del Estado de
Sonora, justamente cuando ocurrió el incendio de la Guardería ABC), Porfirio
Muñoz Ledo, Santiago Creel, Felipe Calderón, ¡sí! (entonces dirigente del PAN),
y su esposa Margarita Zavala. El presidente Ernesto Zedillo, convocó a una Cruzada
Nacional contra el Crimen y la Delincuencia, la cual consistía en elaborar un registro
completo de delincuentes y servidores públicos corruptos, dar capacitación y
mejor equipo a los policías, y el despliegue de 25 mil policías que según crearían un “cinturón” que
cuidaría las entradas y salidas de los estados.
“¡Rescatemos México!”
El 27 de junio de 2004, alrededor de 700 mil personas, vestidas
de blanco se manifestaron en Paseo de la Reforma hasta el Zócalo. Horas más
tarde, el entonces jefe de Gobierno del DF, Andrés Manuel López Obrador
declaró: “Metieron la mano para manipular este asunto. Fueron tres: la
politiquería de ‘las derechas’; las declaraciones del ciudadano presidente; y
el amarillismo en algunos medios de comunicación. Seguramente los propios
secuestradores desfilaron.” Tiempo después insistió con que todo había sido un
complot y agregó refiriéndose con desdén a los marchistas: “Eran unos pirrurris”.
Vicente Fox anunció el Programa Emergente de Acciones para
Enfrentar el Fenómeno Delictivo. Prometió que en 60 días se verían los resultados. Se crearon unidades antisecuestro en todas las entidades del país y la
Agencia Federal de Investigaciones (AFI), en sustitución de la Policía Judicial
Federal.
“¡Iluminemos México!”
El 30 de agosto de
2008, aproximadamente 80 mil personas vestidas de blanco y con velas y
linternas se manifestaron en Paseo de la Reforma, gritando, "¡Si no pueden, renuncien!", tras
el secuestro y asesinato del hijo del empresario Alejandro Martí.
Movimiento por la paz
con justicia y dignidad
El 6 de abril de
2011, Javier Sicilia —cuyo hijo había sido asesinado— convocó a una manifestación.
Aproximadamente 50 mil personas salieron de Cuernavaca rumbo al Distrito
Federal, en una marcha que duró 4 días. Hubo mesas de diálogo entre el gobierno
federal, académicos y sociedad civil. El
presidente Calderón y su gabinete se reunieron en el Castillo de Chapultepec
con Javier Sicilia y los integrantes del Movimiento por la Paz con Justicia y
Dignidad el 23 de junio de 2011 (en la cual el presidente rechazó cambiar su
estrategia de seguridad) y en una segunda reunión el 14 de octubre de 2011, en
la que se habló de sesenta mil víctimas mortales y veinte mil desaparecidos. El
9 de enero de 2013, el Diario Oficial de la Federación, expidió la Ley General
de Víctimas.
¡Vivos se los
llevaron, vivos los queremos!
20 de noviembre
de 2014. Marcha por los 43 estudiantes de Ayotzinapa.
Esta semana el
presidente Enrique Peña Nieto dará a conocer su nuevo plan para rescatar a
México.
La historia se
repite…domingo, 23 de noviembre de 2014
La siembra del odio.
¿Se puede reclamar justicia sin exigir venganza? ¿Se puede
acudir al grito sin lanzar la piedra que se lleva escondida bajo la manga? ¿Es
posible manifestarse sin despertar enojo en otros? ¿Podemos defender una
causa sin ofender a quienes no lo hacen?
No. En este país, no.
La rabia se ha contagiado y se esparce como una epidemia. Lo
bueno de todo esto es que obligará a los gobiernos a realizar un cambio. No
creo que por ello dejen de ser corruptos, quizá más discretos. Lo malo es que
estas manifestaciones no despiertan consciencias; por el contrario, siembran
odio. Odio hacia el gobierno (ganado a pulso) y odio hacia quienes no piensan
igual, (en estos casos, a veces, enojo pueril). ¿A quién no le molesta que le
contradigan? Nuestra sociedad nos ha educado a creer que estamos bien
informados y que tenemos la razón y —lo peor de todo— a exigir, sin importar
los medios, que nos den la razón, aunque esta sea una nauseabunda insensatez.
Sería radical decir que todos son radicales. La verdad es que
al 99 % de la población le vale un cacahuate lo que sucede en el país. Basta
con echarle un ojo a las súper ventas del “Buen Fin”. Medio millón de
manifestantes —hay quienes se aferran a que esa fue la cantidad que acudió al
Zócalo el pasado 20 de noviembre, les daré gusto—, no representa ni el 0.01 por
ciento de la población. Lo demás es ruido mediático, columnas en periódicos, tuits
e insultos en internet, pero en cuanto salen de las redes sociales se acaba la
indignación. “¿Quieres ir al cine, mi amor?” “Sí, necesito olvidarme de todo
este caos social”.
El día que salgan a las calles mínimo 11 millones de
personas, podremos decir que el 1 % está cansado. Ojalá fueran 50 millones. ¿Se
imaginan? Eso sí paralizaría al país. Hagamos honor a la verdad. EPN ganó —nos
guste o no— las elecciones con el 30 % de los votos. Y si AMLO (por quien yo
también voté con el único fin de que no regresara el PRI) hubiese ganado,
también habría sido con ese porcentaje. Porque en este país urge la segunda
vuelta electoral. Pero no lo van a hace, porque no les conviene. ¿Por qué creen
que se han inventado tantos partidos políticos?
Pero regresemos a donde estábamos: ¿Se puede acudir a una
manifestación con los ojos abiertos? No. Porque al hacerlo se decide no acudir.
Sin el embrujo no se puede repetir la misma cantaleta. “Vivos se los llevaron,
vivos los queremos.” No importa que estén muertos, porque este reclamo ya no
exige el regreso de los normalistas, sino la renuncia del presidente, con lo
cual el único ganón sería Andrés Manuel López Obrador, quien se ha esmerado en
repetirle a sus seguidores que Enrique Peña Nieto debe renunciar antes del
primero de diciembre, pues (bien lo sabe) sólo así, de acuerdo con la
constitución, el pueblo bueno podrá elegir al nuevo presidente, de lo contrario
(después del primero de diciembre), lo haría el Congreso. Uy, eso sí sería malo
para él, pues el PRI tiene mayoría en el Congreso y en el Senado.
Es legítimo exigir justicia. No cabe duda que hemos tenido
gobiernos represores, con un ejército y policías sanguinarios. Todos lo
sabemos: la matanza del Tlatelolco en el 68 (por el PRI); la matanza del jueves
de Corpus del 71 (por el PRI); la matanza de Aguas blancas, Guerrero en el 95 (por
el PRI); la matanza de Acteal en el 97 (por el PRI); los abusos en San Salvador
Atenco en el Estado de México, en el 2006 (por PRI-PAN); la muerte de 49 niños en
la guardería ABC (por PRI-PAN); la matanza de Tlatlaya (por el PRI); y los 43
estudiantes de Ayotzinapa (por el PRD, gobernantes apadrinado por AMLO).
No podemos combatir toda esta barbarie con más barbarie. Ha
llegado el momento de que la población adopte maneras más inteligentes de
manifestarse. Todo esto implica una labor social mucho más profunda: cambio de
hábitos, educación, preparación académica, principios, creencias religiosas y formas
de ver las cosas.
¿Y si el presidente renuncia? No nos quedará de otra más que
ver la corriente pasar. Las cosas no van a cambiar mucho. Quien le arrebate el
puesto gozará de la gloria por un par de meses, pues pronto —para desgracia del
pueblo ingenuo— llegará la venganza del PRI y comenzará la misma historia:
acusaciones, manifestaciones, campaña sucia. ¿O ya se olvidaron de todas las
malas jugadas que le hizo el PRI al PAN en sus dos sexenios?
martes, 18 de noviembre de 2014
¿Complot en contra de Peña Nieto?
La manipulación de las masas no es cosa fácil. La mente humana funciona de maneras distintas, dependiendo del entorno social, étnico, económico, político y religioso. Uno no es el mismo encerrado en su recámara que en un estadio de fútbol, en una fiesta entre amigos, en una iglesia, un velorio, un sismo o una manifestación. El comportamiento se contagia.
Por ejemplo, en el programa de Chabelo la gente es feliz. Todos ríen, porque el entorno es idóneo. El conductor ha hecho lo mismo desde 1968, por lo tanto conoce a la perfección el arte de manejar a las masas.
Otro ejemplo que no necesita mayor explicación es la manipulación que ejercen los líderes religiosos en todo el mundo sobre sus fieles y ciegos discípulos.
En el gobierno de Zedillo hubo una campaña de desprestigio en contra Cuauhtémoc Cárdenas, entonces primer jefe de gobierno del D.F., en la cual todos los días había en los medios una nota sobre robos a bancos y los horrores de vivir en esta ciudad. Muchos recordaran los noticieros amarillistas como el de Duro y directo. Cárdenas representaba un peligro para el PRI en las elecciones del 2000.
En el 2006 el PAN manipuló a las masas con la idea de que AMLO era un peligro para México. Funcionó tan bien que muchos de los que pensaban votar por el tabasqueño cambiaron de opinión el día de la elección. El peor error de AMLO fue cerrar Reforma tras la elección y autonombrarse presidente legítimo. En una entrevista con Denise Maerker, Calderón aceptó haber estado de acuerdo con la campaña negativa que su partido realizó en contra de Andrés Manuel López Obrador y dijo que era válido y legítimo.
Pero como a todos los presidentes, la gloria de las elecciones les dura menos de un año, en ese sexenio el enemigo público número uno fue Calderón y los ataques hacia él fueron de otra índole: que era borracho, que era un asesino, por la guerra contra el narcotráfico, entre muchas otras cosas más.
Aclaro: no estoy defendiendo a ninguno de los personajes mencionados. Lo que quiero recalcar es la forma en que se inyectan ideas a la mente colectiva.
Algo que llama mi atención es que a Felipe Calderón y a Vicente Fox no se les acusó de represores con tanta insistencia como se ha hecho en el gobierno actual. De hecho no hubo los famosos “infiltrados” en las manifestaciones. Hubo muchas manifestaciones y desmanes también. Pero no se le acusó al gobierno de infiltrar gente para desestabilizar los movimientos, como ha ocurrido desde el día en que Enrique Peña Nieto tomó posesión como presidente.
Imagino que en este momento muchos de los que están leyendo esto piensan que “cuando el río suena es porque agua lleva.” Sí, tienen toda la razón en pensar así, en desconfiar en el gobierno actual. Yo soy de los que cree que la política mexicana está podrida, y también que los políticos malos y buenos están en todos los partidos. El gobierno de Peña Nieto va de mal en peor. Parece que lo que a él le interesa es hacer negocios, complacer a los empresarios y que las clases media y baja se jodan. Y ni hablar de corrupción y enriquecimiento ilícito, con la casa en las Lomas sobran motivos para que se haga una investigación y hasta para que renuncie.
Pero el tema de hoy no es sobre la casa de las Lomas ni sobre la renuncia del presidente, sino sobre los complots y la manipulación del pensamiento colectivo.
Los actos represores de los gobiernos de los 60, 70 y 80 son hoy en día, la maldición del PRI. Crió fama y se echó a dormir. (Si quieren quítenle lo de dormir). El caso es que sus opositores (SNTE, CNTE, ex-empleados de Luz y Fuerza, MORENA, PT, Movimiento Ciudadano, PRD, PAN, y por supuesto, algunos empresarios) han aprovechado esa mala fama. ¿Quién más podría estar interesado en mantener en la memoria colectiva la matanza del 68 y los 43 estudiantes de Ayotzinapa? ¿Por qué ya no protestan por los niños de la guardería ABC? ¿Será porque eso no fue culpa del nuevo gobierno? ¿Las demandas de justicia caducan con el cambio de gobierno?
No estoy defendiendo a EPN. Me queda claro que con respecto al caso de los 43 estudiantes de Ayotzinapa actuaron con negligencia desde el principio, o que esperaban que pasara desapercibido, como el de Tlatlaya.
Yo desconfío de todos los partidos políticos y sus dirigentes. Trato de analizar los acontecimientos y cómo se manejan los políticos ante estas situaciones. Y por más que le doy vueltas al asunto no encuentro una razón lógica para que el gobierno actual envíe infiltrados a las manifestaciones. No creo que ningún presidente en el mundo quiera mostrar ante el mundo (valga la redundancia) un gobierno inestable, especialmente si en los últimos dos años se ocupó de venderle a los grandes inversionistas un país próspero.
Sí, ya me sé el discurso ese de que lo hacen para desprestigiar los movimientos y bla, bla, bla. Sí, existen los “bots” en internet y las estrategias de medios. Pero finalmente, estoy seguro de que el gobierno lo que quiere es que el caso de Ayotzinapa quede cerrado, o por lo menos minimizado, ya que en el olvido jamás, pues se ha convertido en la nueva bandera de las protestas, “la matanza del 68” actual.
El viernes 7 de noviembre estuve en Reforma en la noche y vi (desde la esquina, por media hora) el grupo de personas que se manifestaron en el Ángel por los 43 estudiantes normalistas. No eran más de quinientas personas. Al día siguiente la noticia en varios periódicos fue que habían acudido miles.
Como todos ustedes, estoy harto de tanta injusticia, corrupción, negligencia, impunidad y enriquecimiento ilícito de los actores políticos de este país. Sería muy injusto generalizar. No hay duda de que miles salen a las calles con un reclamo genuino. Pero también dudo del de otros.
Seamos objetivos. Las manifestaciones no se organizan solas. Quinientas, dos mil o veinte mil personas no llegan al mismo lugar y a la misma hora por coincidencia. Alguien tiene que llevar la batuta. ¿Quién lo hace? Tiene que haber un Juan Pérez o una María López por ahí fijando hora, lugar y fecha. Me pregunto: ¿Cómo sobreviven esas personas que organizan las manifestaciones de todos los días? ¿Quién está proporcionándoles fondos y medios de transporte? ¿Se acuerdan del #YoSoy132? Era una manifestación genuina hasta que el PRD y el PRI colocaron infiltrados, cada quien por su lado. Uno de ellos ahora hasta tiene programa de tv. Tampoco olvidemos las marchas Anti-PeñaNieto que se realizaron en el 2012, organizadas por el PAN y el PRD. Indudablemente alguien les está diciendo a estos manifestantes que no cedan, que mantengan vivo el reclamo de “Vivos se los llevaron y vivos los queremos”. ¿Por qué? Porque el día que los manifestantes admitan que los 43 estudiantes están muertos esta protesta se acaba. Porque los culpables (la pareja imperial) ya están presos. Algo similar está sucediendo en el IPN. El gobierno ya accedió a todas las peticiones de los manifestantes y éstos no ceden.
¿Crimen de Estado? ¿Por qué? Los responsables fueron el gobierno de Guerrero y de Iguala. Y quien los apadrinó fue AMLO. Entonces, ¿por qué esto no se dice en las protestas?
Bien dicen que “una mentira repetida mil veces se convierte en verdad”. EPN dice que las manifestaciones son una estrategia de sus opositores para desestabilizar al gobierno. ¿Cómo? Dándole al PRI en su talón de Aquiles: acusándolo de gobierno represor, de que infiltra gente en las manifestaciones. Yo creo que algo hay de eso. Sí, mucha gente sale a manifestarse porque quiere, ya lo dije.
Para ser más claro: ¿Alguna vez se han detenido a pensar que estos “infiltrados” (encapuchados que queman camiones y edificios) podrían ser enviados por la izquierda para acusar al PRI? Una mentira repetida mil veces se convierte en verdad. La política es maquiavélica. Y los tiranos también se disfrazan de viejitos bondadosos. Ni a ustedes ni a mí nos consta quién de ellos dice la verdad. Lo peor que podemos hacer es hacernos los sordos y ciegos. Yo no les creo a ninguno. Uno mantendrá hasta el día de su muerte el argumento de que se trata de un complot y el otro que existe un interés desestabilizador, de quienes no comparten su proyecto de nación.
México tiene 110 millones de habitantes. Una manifestación con 100 mil personas no representa ni el 1 % de la población.
Las multimillonarias ventas del “Buen Fin” (que aumentaron 10 % en comparación con el año anterior) nos demuestran que una mayoría de la población ya superó lo de Ayotzinapa y lo demás es una guerra entre el gobierno y sus opositores, en la cual, desafortunadamente, la población (en particular, jóvenes sedientos de justicia) es tan solo un puñado de marionetas.
Por ejemplo, en el programa de Chabelo la gente es feliz. Todos ríen, porque el entorno es idóneo. El conductor ha hecho lo mismo desde 1968, por lo tanto conoce a la perfección el arte de manejar a las masas.
Otro ejemplo que no necesita mayor explicación es la manipulación que ejercen los líderes religiosos en todo el mundo sobre sus fieles y ciegos discípulos.
En el gobierno de Zedillo hubo una campaña de desprestigio en contra Cuauhtémoc Cárdenas, entonces primer jefe de gobierno del D.F., en la cual todos los días había en los medios una nota sobre robos a bancos y los horrores de vivir en esta ciudad. Muchos recordaran los noticieros amarillistas como el de Duro y directo. Cárdenas representaba un peligro para el PRI en las elecciones del 2000.
En el 2006 el PAN manipuló a las masas con la idea de que AMLO era un peligro para México. Funcionó tan bien que muchos de los que pensaban votar por el tabasqueño cambiaron de opinión el día de la elección. El peor error de AMLO fue cerrar Reforma tras la elección y autonombrarse presidente legítimo. En una entrevista con Denise Maerker, Calderón aceptó haber estado de acuerdo con la campaña negativa que su partido realizó en contra de Andrés Manuel López Obrador y dijo que era válido y legítimo.
Pero como a todos los presidentes, la gloria de las elecciones les dura menos de un año, en ese sexenio el enemigo público número uno fue Calderón y los ataques hacia él fueron de otra índole: que era borracho, que era un asesino, por la guerra contra el narcotráfico, entre muchas otras cosas más.
Aclaro: no estoy defendiendo a ninguno de los personajes mencionados. Lo que quiero recalcar es la forma en que se inyectan ideas a la mente colectiva.
Algo que llama mi atención es que a Felipe Calderón y a Vicente Fox no se les acusó de represores con tanta insistencia como se ha hecho en el gobierno actual. De hecho no hubo los famosos “infiltrados” en las manifestaciones. Hubo muchas manifestaciones y desmanes también. Pero no se le acusó al gobierno de infiltrar gente para desestabilizar los movimientos, como ha ocurrido desde el día en que Enrique Peña Nieto tomó posesión como presidente.
Imagino que en este momento muchos de los que están leyendo esto piensan que “cuando el río suena es porque agua lleva.” Sí, tienen toda la razón en pensar así, en desconfiar en el gobierno actual. Yo soy de los que cree que la política mexicana está podrida, y también que los políticos malos y buenos están en todos los partidos. El gobierno de Peña Nieto va de mal en peor. Parece que lo que a él le interesa es hacer negocios, complacer a los empresarios y que las clases media y baja se jodan. Y ni hablar de corrupción y enriquecimiento ilícito, con la casa en las Lomas sobran motivos para que se haga una investigación y hasta para que renuncie.
Pero el tema de hoy no es sobre la casa de las Lomas ni sobre la renuncia del presidente, sino sobre los complots y la manipulación del pensamiento colectivo.
Los actos represores de los gobiernos de los 60, 70 y 80 son hoy en día, la maldición del PRI. Crió fama y se echó a dormir. (Si quieren quítenle lo de dormir). El caso es que sus opositores (SNTE, CNTE, ex-empleados de Luz y Fuerza, MORENA, PT, Movimiento Ciudadano, PRD, PAN, y por supuesto, algunos empresarios) han aprovechado esa mala fama. ¿Quién más podría estar interesado en mantener en la memoria colectiva la matanza del 68 y los 43 estudiantes de Ayotzinapa? ¿Por qué ya no protestan por los niños de la guardería ABC? ¿Será porque eso no fue culpa del nuevo gobierno? ¿Las demandas de justicia caducan con el cambio de gobierno?
No estoy defendiendo a EPN. Me queda claro que con respecto al caso de los 43 estudiantes de Ayotzinapa actuaron con negligencia desde el principio, o que esperaban que pasara desapercibido, como el de Tlatlaya.
Yo desconfío de todos los partidos políticos y sus dirigentes. Trato de analizar los acontecimientos y cómo se manejan los políticos ante estas situaciones. Y por más que le doy vueltas al asunto no encuentro una razón lógica para que el gobierno actual envíe infiltrados a las manifestaciones. No creo que ningún presidente en el mundo quiera mostrar ante el mundo (valga la redundancia) un gobierno inestable, especialmente si en los últimos dos años se ocupó de venderle a los grandes inversionistas un país próspero.
Sí, ya me sé el discurso ese de que lo hacen para desprestigiar los movimientos y bla, bla, bla. Sí, existen los “bots” en internet y las estrategias de medios. Pero finalmente, estoy seguro de que el gobierno lo que quiere es que el caso de Ayotzinapa quede cerrado, o por lo menos minimizado, ya que en el olvido jamás, pues se ha convertido en la nueva bandera de las protestas, “la matanza del 68” actual.
El viernes 7 de noviembre estuve en Reforma en la noche y vi (desde la esquina, por media hora) el grupo de personas que se manifestaron en el Ángel por los 43 estudiantes normalistas. No eran más de quinientas personas. Al día siguiente la noticia en varios periódicos fue que habían acudido miles.
Como todos ustedes, estoy harto de tanta injusticia, corrupción, negligencia, impunidad y enriquecimiento ilícito de los actores políticos de este país. Sería muy injusto generalizar. No hay duda de que miles salen a las calles con un reclamo genuino. Pero también dudo del de otros.
Seamos objetivos. Las manifestaciones no se organizan solas. Quinientas, dos mil o veinte mil personas no llegan al mismo lugar y a la misma hora por coincidencia. Alguien tiene que llevar la batuta. ¿Quién lo hace? Tiene que haber un Juan Pérez o una María López por ahí fijando hora, lugar y fecha. Me pregunto: ¿Cómo sobreviven esas personas que organizan las manifestaciones de todos los días? ¿Quién está proporcionándoles fondos y medios de transporte? ¿Se acuerdan del #YoSoy132? Era una manifestación genuina hasta que el PRD y el PRI colocaron infiltrados, cada quien por su lado. Uno de ellos ahora hasta tiene programa de tv. Tampoco olvidemos las marchas Anti-PeñaNieto que se realizaron en el 2012, organizadas por el PAN y el PRD. Indudablemente alguien les está diciendo a estos manifestantes que no cedan, que mantengan vivo el reclamo de “Vivos se los llevaron y vivos los queremos”. ¿Por qué? Porque el día que los manifestantes admitan que los 43 estudiantes están muertos esta protesta se acaba. Porque los culpables (la pareja imperial) ya están presos. Algo similar está sucediendo en el IPN. El gobierno ya accedió a todas las peticiones de los manifestantes y éstos no ceden.
¿Crimen de Estado? ¿Por qué? Los responsables fueron el gobierno de Guerrero y de Iguala. Y quien los apadrinó fue AMLO. Entonces, ¿por qué esto no se dice en las protestas?
Bien dicen que “una mentira repetida mil veces se convierte en verdad”. EPN dice que las manifestaciones son una estrategia de sus opositores para desestabilizar al gobierno. ¿Cómo? Dándole al PRI en su talón de Aquiles: acusándolo de gobierno represor, de que infiltra gente en las manifestaciones. Yo creo que algo hay de eso. Sí, mucha gente sale a manifestarse porque quiere, ya lo dije.
Para ser más claro: ¿Alguna vez se han detenido a pensar que estos “infiltrados” (encapuchados que queman camiones y edificios) podrían ser enviados por la izquierda para acusar al PRI? Una mentira repetida mil veces se convierte en verdad. La política es maquiavélica. Y los tiranos también se disfrazan de viejitos bondadosos. Ni a ustedes ni a mí nos consta quién de ellos dice la verdad. Lo peor que podemos hacer es hacernos los sordos y ciegos. Yo no les creo a ninguno. Uno mantendrá hasta el día de su muerte el argumento de que se trata de un complot y el otro que existe un interés desestabilizador, de quienes no comparten su proyecto de nación.
México tiene 110 millones de habitantes. Una manifestación con 100 mil personas no representa ni el 1 % de la población.
Las multimillonarias ventas del “Buen Fin” (que aumentaron 10 % en comparación con el año anterior) nos demuestran que una mayoría de la población ya superó lo de Ayotzinapa y lo demás es una guerra entre el gobierno y sus opositores, en la cual, desafortunadamente, la población (en particular, jóvenes sedientos de justicia) es tan solo un puñado de marionetas.
miércoles, 5 de noviembre de 2014
#SiRenunciaPeña ¿qué pasaría?
Por tercera ocasión se vuelve tendencia en Twitter la exigencia de la renuncia de Enrique Peña Nieto, lo cual es como una nube de humo que se ve de lejos, tan lejos que se vuelve imposible deducir qué la origina. (Podría ser un náufrago que pide auxilio desde una isla desierta, o unos maleantes que decidieron quemar basura en un bosque.)
Para descubrir el origen se requiere de un buen telescopio: revisar cada tuit, entrar a centenares de cuentas y analizar sus perfiles, sus publicaciones anteriores, sus seguidores y seguidos. Y sólo así se va desmenuzando este pollo gigantesco llamado “Trending Topics”.
Se encuentra de todo: reclamos genuinos de gente que retuitea el comentario de un periodista y más tarde su opinión con el hashtag del día; el imbécil que sin importar el tema, todos los días hace un comentario, según él, gracioso; el publicista que aprovecha el hashtag para invitar a los tuiteros a entrar a su página; y los ya conocidos bots, cuentas creadas (la mayoría de las veces por los mismos partidos políticos) para crear “Trending Topics”, y que publican cada cinco minutos, durante horas y días el mismo reclamo, para atacar a sus contrincantes.
No me queda duda que miles de personas están de acuerdo con que renuncie el presidente, pero creo que es de labios para afuera. Como quien responde a una encuesta y está ansioso de que se acaben las preguntas: “¿Usted cree que la televisión que tenemos es idiota?” “Sí.” “¿Cree que los mexicanos necesitamos leer más?” “Sí”, se despide, se va a su casa y enciende el televisor. Los mismos que tuitearon #TodosSomosAyotzinapa y la semana pasada bebieron y bailaron a todo dar en las fiestas de Halloween. Porque para muchos el luto y la indignación termina cuando salen del Twitter y el Facebook.
Ahora, sin intenciones de abogar por la permanencia del presidente y quitándonos la “postura” de la indignación, sería bueno que nos detuviéramos un instante a analizar las consecuencias económicas, políticas (nacional e internacional), militares, legales, delincuenciales y sociales, de la renuncia de éste o cualquier presidente.
De entrada el costo multimillonario de unas elecciones cuatro años anticipadas. Devaluación. Inflación. Descontrol absoluto a nivel nacional. Abuso de las autoridades municipales, estatales y federales. Mayor libertad al crimen organizado.
Todos exigimos justicia, mejores resultados de parte de los gobernantes, y un presidente que resuelva todo en un día. Pero cabe aclarar que la desgracia nacional no se hizo en este sexenio. Es culpa de los gobiernos y quienes hemos votado por ellos en los últimos cien años.
Parece fácil gobernar, pero no lo es. Ni en este país ni en ningún otro. Ayer simplemente, en Estados Unidos, el partido demócrata perdió las elecciones, porque la gente no está de acuerdo con la forma de gobernar de Obama.
Así es como debemos exigirle al gobierno: en las urnas.
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