Mis libros

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miércoles, 5 de noviembre de 2014

#SiRenunciaPeña ¿qué pasaría?

Por tercera ocasión se vuelve tendencia en Twitter la exigencia de la renuncia de Enrique Peña Nieto, lo cual es como una nube de humo que se ve de lejos, tan lejos que se vuelve imposible deducir qué la origina. (Podría ser un náufrago que pide auxilio desde una isla desierta, o unos maleantes que decidieron quemar basura en un bosque.)
Para descubrir el origen se requiere de un buen telescopio: revisar cada tuit, entrar a centenares de cuentas y analizar sus perfiles, sus publicaciones anteriores, sus seguidores y seguidos. Y sólo así se va desmenuzando este pollo gigantesco llamado “Trending Topics”.
Se encuentra de todo: reclamos genuinos de gente que retuitea el comentario de un periodista y más tarde su opinión con el hashtag del día; el imbécil que sin importar el tema, todos los días hace un comentario, según él, gracioso; el publicista que aprovecha el hashtag para invitar a los tuiteros a entrar a su página; y los ya conocidos bots, cuentas creadas (la mayoría de las veces por los mismos partidos políticos) para crear “Trending Topics”, y que publican cada cinco minutos, durante horas y días el mismo reclamo, para atacar a sus contrincantes.
No me queda duda que miles de personas están de acuerdo con que renuncie el presidente, pero creo que es de labios para afuera. Como quien responde a una encuesta y está ansioso de que se acaben las preguntas: “¿Usted cree que la televisión que tenemos es idiota?” “Sí.” “¿Cree que los mexicanos necesitamos leer más?” “Sí”, se despide, se va a su casa y enciende el televisor. Los mismos que tuitearon ‪#‎TodosSomosAyotzinapa‬ y la semana pasada bebieron y bailaron a todo dar en las fiestas de Halloween. Porque para muchos el luto y la indignación termina cuando salen del Twitter y el Facebook.
Ahora, sin intenciones de abogar por la permanencia del presidente y quitándonos la “postura” de la indignación, sería bueno que nos detuviéramos un instante a analizar las consecuencias económicas, políticas (nacional e internacional), militares, legales, delincuenciales y sociales, de la renuncia de éste o cualquier presidente.
De entrada el costo multimillonario de unas elecciones cuatro años anticipadas. Devaluación. Inflación. Descontrol absoluto a nivel nacional. Abuso de las autoridades municipales, estatales y federales. Mayor libertad al crimen organizado.
Todos exigimos justicia, mejores resultados de parte de los gobernantes, y un presidente que resuelva todo en un día. Pero cabe aclarar que la desgracia nacional no se hizo en este sexenio. Es culpa de los gobiernos y quienes hemos votado por ellos en los últimos cien años.
Parece fácil gobernar, pero no lo es. Ni en este país ni en ningún otro. Ayer simplemente, en Estados Unidos, el partido demócrata perdió las elecciones, porque la gente no está de acuerdo con la forma de gobernar de Obama.
Así es como debemos exigirle al gobierno: en las urnas.

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