La manipulación de las masas no es cosa fácil. La mente humana funciona de maneras distintas, dependiendo del entorno social, étnico, económico, político y religioso. Uno no es el mismo encerrado en su recámara que en un estadio de fútbol, en una fiesta entre amigos, en una iglesia, un velorio, un sismo o una manifestación. El comportamiento se contagia.
Por ejemplo, en el programa de Chabelo la gente es feliz. Todos ríen, porque el entorno es idóneo. El conductor ha hecho lo mismo desde 1968, por lo tanto conoce a la perfección el arte de manejar a las masas.
Otro ejemplo que no necesita mayor explicación es la manipulación que ejercen los líderes religiosos en todo el mundo sobre sus fieles y ciegos discípulos.
En el gobierno de Zedillo hubo una campaña de desprestigio en contra Cuauhtémoc Cárdenas, entonces primer jefe de gobierno del D.F., en la cual todos los días había en los medios una nota sobre robos a bancos y los horrores de vivir en esta ciudad. Muchos recordaran los noticieros amarillistas como el de Duro y directo. Cárdenas representaba un peligro para el PRI en las elecciones del 2000.
En el 2006 el PAN manipuló a las masas con la idea de que AMLO era un peligro para México. Funcionó tan bien que muchos de los que pensaban votar por el tabasqueño cambiaron de opinión el día de la elección. El peor error de AMLO fue cerrar Reforma tras la elección y autonombrarse presidente legítimo. En una entrevista con Denise Maerker, Calderón aceptó haber estado de acuerdo con la campaña negativa que su partido realizó en contra de Andrés Manuel López Obrador y dijo que era válido y legítimo.
Pero como a todos los presidentes, la gloria de las elecciones les dura menos de un año, en ese sexenio el enemigo público número uno fue Calderón y los ataques hacia él fueron de otra índole: que era borracho, que era un asesino, por la guerra contra el narcotráfico, entre muchas otras cosas más.
Aclaro: no estoy defendiendo a ninguno de los personajes mencionados. Lo que quiero recalcar es la forma en que se inyectan ideas a la mente colectiva.
Algo que llama mi atención es que a Felipe Calderón y a Vicente Fox no se les acusó de represores con tanta insistencia como se ha hecho en el gobierno actual. De hecho no hubo los famosos “infiltrados” en las manifestaciones. Hubo muchas manifestaciones y desmanes también. Pero no se le acusó al gobierno de infiltrar gente para desestabilizar los movimientos, como ha ocurrido desde el día en que Enrique Peña Nieto tomó posesión como presidente.
Imagino que en este momento muchos de los que están leyendo esto piensan que “cuando el río suena es porque agua lleva.” Sí, tienen toda la razón en pensar así, en desconfiar en el gobierno actual. Yo soy de los que cree que la política mexicana está podrida, y también que los políticos malos y buenos están en todos los partidos. El gobierno de Peña Nieto va de mal en peor. Parece que lo que a él le interesa es hacer negocios, complacer a los empresarios y que las clases media y baja se jodan. Y ni hablar de corrupción y enriquecimiento ilícito, con la casa en las Lomas sobran motivos para que se haga una investigación y hasta para que renuncie.
Pero el tema de hoy no es sobre la casa de las Lomas ni sobre la renuncia del presidente, sino sobre los complots y la manipulación del pensamiento colectivo.
Los actos represores de los gobiernos de los 60, 70 y 80 son hoy en día, la maldición del PRI. Crió fama y se echó a dormir. (Si quieren quítenle lo de dormir). El caso es que sus opositores (SNTE, CNTE, ex-empleados de Luz y Fuerza, MORENA, PT, Movimiento Ciudadano, PRD, PAN, y por supuesto, algunos empresarios) han aprovechado esa mala fama. ¿Quién más podría estar interesado en mantener en la memoria colectiva la matanza del 68 y los 43 estudiantes de Ayotzinapa? ¿Por qué ya no protestan por los niños de la guardería ABC? ¿Será porque eso no fue culpa del nuevo gobierno? ¿Las demandas de justicia caducan con el cambio de gobierno?
No estoy defendiendo a EPN. Me queda claro que con respecto al caso de los 43 estudiantes de Ayotzinapa actuaron con negligencia desde el principio, o que esperaban que pasara desapercibido, como el de Tlatlaya.
Yo desconfío de todos los partidos políticos y sus dirigentes. Trato de analizar los acontecimientos y cómo se manejan los políticos ante estas situaciones. Y por más que le doy vueltas al asunto no encuentro una razón lógica para que el gobierno actual envíe infiltrados a las manifestaciones. No creo que ningún presidente en el mundo quiera mostrar ante el mundo (valga la redundancia) un gobierno inestable, especialmente si en los últimos dos años se ocupó de venderle a los grandes inversionistas un país próspero.
Sí, ya me sé el discurso ese de que lo hacen para desprestigiar los movimientos y bla, bla, bla. Sí, existen los “bots” en internet y las estrategias de medios. Pero finalmente, estoy seguro de que el gobierno lo que quiere es que el caso de Ayotzinapa quede cerrado, o por lo menos minimizado, ya que en el olvido jamás, pues se ha convertido en la nueva bandera de las protestas, “la matanza del 68” actual.
El viernes 7 de noviembre estuve en Reforma en la noche y vi (desde la esquina, por media hora) el grupo de personas que se manifestaron en el Ángel por los 43 estudiantes normalistas. No eran más de quinientas personas. Al día siguiente la noticia en varios periódicos fue que habían acudido miles.
Como todos ustedes, estoy harto de tanta injusticia, corrupción, negligencia, impunidad y enriquecimiento ilícito de los actores políticos de este país. Sería muy injusto generalizar. No hay duda de que miles salen a las calles con un reclamo genuino. Pero también dudo del de otros.
Seamos objetivos. Las manifestaciones no se organizan solas. Quinientas, dos mil o veinte mil personas no llegan al mismo lugar y a la misma hora por coincidencia. Alguien tiene que llevar la batuta. ¿Quién lo hace? Tiene que haber un Juan Pérez o una María López por ahí fijando hora, lugar y fecha. Me pregunto: ¿Cómo sobreviven esas personas que organizan las manifestaciones de todos los días? ¿Quién está proporcionándoles fondos y medios de transporte? ¿Se acuerdan del #YoSoy132? Era una manifestación genuina hasta que el PRD y el PRI colocaron infiltrados, cada quien por su lado. Uno de ellos ahora hasta tiene programa de tv. Tampoco olvidemos las marchas Anti-PeñaNieto que se realizaron en el 2012, organizadas por el PAN y el PRD. Indudablemente alguien les está diciendo a estos manifestantes que no cedan, que mantengan vivo el reclamo de “Vivos se los llevaron y vivos los queremos”. ¿Por qué? Porque el día que los manifestantes admitan que los 43 estudiantes están muertos esta protesta se acaba. Porque los culpables (la pareja imperial) ya están presos. Algo similar está sucediendo en el IPN. El gobierno ya accedió a todas las peticiones de los manifestantes y éstos no ceden.
¿Crimen de Estado? ¿Por qué? Los responsables fueron el gobierno de Guerrero y de Iguala. Y quien los apadrinó fue AMLO. Entonces, ¿por qué esto no se dice en las protestas?
Bien dicen que “una mentira repetida mil veces se convierte en verdad”. EPN dice que las manifestaciones son una estrategia de sus opositores para desestabilizar al gobierno. ¿Cómo? Dándole al PRI en su talón de Aquiles: acusándolo de gobierno represor, de que infiltra gente en las manifestaciones. Yo creo que algo hay de eso. Sí, mucha gente sale a manifestarse porque quiere, ya lo dije.
Para ser más claro: ¿Alguna vez se han detenido a pensar que estos “infiltrados” (encapuchados que queman camiones y edificios) podrían ser enviados por la izquierda para acusar al PRI? Una mentira repetida mil veces se convierte en verdad. La política es maquiavélica. Y los tiranos también se disfrazan de viejitos bondadosos. Ni a ustedes ni a mí nos consta quién de ellos dice la verdad. Lo peor que podemos hacer es hacernos los sordos y ciegos. Yo no les creo a ninguno. Uno mantendrá hasta el día de su muerte el argumento de que se trata de un complot y el otro que existe un interés desestabilizador, de quienes no comparten su proyecto de nación.
México tiene 110 millones de habitantes. Una manifestación con 100 mil personas no representa ni el 1 % de la población.
Las multimillonarias ventas del “Buen Fin” (que aumentaron 10 % en comparación con el año anterior) nos demuestran que una mayoría de la población ya superó lo de Ayotzinapa y lo demás es una guerra entre el gobierno y sus opositores, en la cual, desafortunadamente, la población (en particular, jóvenes sedientos de justicia) es tan solo un puñado de marionetas.
Por ejemplo, en el programa de Chabelo la gente es feliz. Todos ríen, porque el entorno es idóneo. El conductor ha hecho lo mismo desde 1968, por lo tanto conoce a la perfección el arte de manejar a las masas.
Otro ejemplo que no necesita mayor explicación es la manipulación que ejercen los líderes religiosos en todo el mundo sobre sus fieles y ciegos discípulos.
En el gobierno de Zedillo hubo una campaña de desprestigio en contra Cuauhtémoc Cárdenas, entonces primer jefe de gobierno del D.F., en la cual todos los días había en los medios una nota sobre robos a bancos y los horrores de vivir en esta ciudad. Muchos recordaran los noticieros amarillistas como el de Duro y directo. Cárdenas representaba un peligro para el PRI en las elecciones del 2000.
En el 2006 el PAN manipuló a las masas con la idea de que AMLO era un peligro para México. Funcionó tan bien que muchos de los que pensaban votar por el tabasqueño cambiaron de opinión el día de la elección. El peor error de AMLO fue cerrar Reforma tras la elección y autonombrarse presidente legítimo. En una entrevista con Denise Maerker, Calderón aceptó haber estado de acuerdo con la campaña negativa que su partido realizó en contra de Andrés Manuel López Obrador y dijo que era válido y legítimo.
Pero como a todos los presidentes, la gloria de las elecciones les dura menos de un año, en ese sexenio el enemigo público número uno fue Calderón y los ataques hacia él fueron de otra índole: que era borracho, que era un asesino, por la guerra contra el narcotráfico, entre muchas otras cosas más.
Aclaro: no estoy defendiendo a ninguno de los personajes mencionados. Lo que quiero recalcar es la forma en que se inyectan ideas a la mente colectiva.
Algo que llama mi atención es que a Felipe Calderón y a Vicente Fox no se les acusó de represores con tanta insistencia como se ha hecho en el gobierno actual. De hecho no hubo los famosos “infiltrados” en las manifestaciones. Hubo muchas manifestaciones y desmanes también. Pero no se le acusó al gobierno de infiltrar gente para desestabilizar los movimientos, como ha ocurrido desde el día en que Enrique Peña Nieto tomó posesión como presidente.
Imagino que en este momento muchos de los que están leyendo esto piensan que “cuando el río suena es porque agua lleva.” Sí, tienen toda la razón en pensar así, en desconfiar en el gobierno actual. Yo soy de los que cree que la política mexicana está podrida, y también que los políticos malos y buenos están en todos los partidos. El gobierno de Peña Nieto va de mal en peor. Parece que lo que a él le interesa es hacer negocios, complacer a los empresarios y que las clases media y baja se jodan. Y ni hablar de corrupción y enriquecimiento ilícito, con la casa en las Lomas sobran motivos para que se haga una investigación y hasta para que renuncie.
Pero el tema de hoy no es sobre la casa de las Lomas ni sobre la renuncia del presidente, sino sobre los complots y la manipulación del pensamiento colectivo.
Los actos represores de los gobiernos de los 60, 70 y 80 son hoy en día, la maldición del PRI. Crió fama y se echó a dormir. (Si quieren quítenle lo de dormir). El caso es que sus opositores (SNTE, CNTE, ex-empleados de Luz y Fuerza, MORENA, PT, Movimiento Ciudadano, PRD, PAN, y por supuesto, algunos empresarios) han aprovechado esa mala fama. ¿Quién más podría estar interesado en mantener en la memoria colectiva la matanza del 68 y los 43 estudiantes de Ayotzinapa? ¿Por qué ya no protestan por los niños de la guardería ABC? ¿Será porque eso no fue culpa del nuevo gobierno? ¿Las demandas de justicia caducan con el cambio de gobierno?
No estoy defendiendo a EPN. Me queda claro que con respecto al caso de los 43 estudiantes de Ayotzinapa actuaron con negligencia desde el principio, o que esperaban que pasara desapercibido, como el de Tlatlaya.
Yo desconfío de todos los partidos políticos y sus dirigentes. Trato de analizar los acontecimientos y cómo se manejan los políticos ante estas situaciones. Y por más que le doy vueltas al asunto no encuentro una razón lógica para que el gobierno actual envíe infiltrados a las manifestaciones. No creo que ningún presidente en el mundo quiera mostrar ante el mundo (valga la redundancia) un gobierno inestable, especialmente si en los últimos dos años se ocupó de venderle a los grandes inversionistas un país próspero.
Sí, ya me sé el discurso ese de que lo hacen para desprestigiar los movimientos y bla, bla, bla. Sí, existen los “bots” en internet y las estrategias de medios. Pero finalmente, estoy seguro de que el gobierno lo que quiere es que el caso de Ayotzinapa quede cerrado, o por lo menos minimizado, ya que en el olvido jamás, pues se ha convertido en la nueva bandera de las protestas, “la matanza del 68” actual.
El viernes 7 de noviembre estuve en Reforma en la noche y vi (desde la esquina, por media hora) el grupo de personas que se manifestaron en el Ángel por los 43 estudiantes normalistas. No eran más de quinientas personas. Al día siguiente la noticia en varios periódicos fue que habían acudido miles.
Como todos ustedes, estoy harto de tanta injusticia, corrupción, negligencia, impunidad y enriquecimiento ilícito de los actores políticos de este país. Sería muy injusto generalizar. No hay duda de que miles salen a las calles con un reclamo genuino. Pero también dudo del de otros.
Seamos objetivos. Las manifestaciones no se organizan solas. Quinientas, dos mil o veinte mil personas no llegan al mismo lugar y a la misma hora por coincidencia. Alguien tiene que llevar la batuta. ¿Quién lo hace? Tiene que haber un Juan Pérez o una María López por ahí fijando hora, lugar y fecha. Me pregunto: ¿Cómo sobreviven esas personas que organizan las manifestaciones de todos los días? ¿Quién está proporcionándoles fondos y medios de transporte? ¿Se acuerdan del #YoSoy132? Era una manifestación genuina hasta que el PRD y el PRI colocaron infiltrados, cada quien por su lado. Uno de ellos ahora hasta tiene programa de tv. Tampoco olvidemos las marchas Anti-PeñaNieto que se realizaron en el 2012, organizadas por el PAN y el PRD. Indudablemente alguien les está diciendo a estos manifestantes que no cedan, que mantengan vivo el reclamo de “Vivos se los llevaron y vivos los queremos”. ¿Por qué? Porque el día que los manifestantes admitan que los 43 estudiantes están muertos esta protesta se acaba. Porque los culpables (la pareja imperial) ya están presos. Algo similar está sucediendo en el IPN. El gobierno ya accedió a todas las peticiones de los manifestantes y éstos no ceden.
¿Crimen de Estado? ¿Por qué? Los responsables fueron el gobierno de Guerrero y de Iguala. Y quien los apadrinó fue AMLO. Entonces, ¿por qué esto no se dice en las protestas?
Bien dicen que “una mentira repetida mil veces se convierte en verdad”. EPN dice que las manifestaciones son una estrategia de sus opositores para desestabilizar al gobierno. ¿Cómo? Dándole al PRI en su talón de Aquiles: acusándolo de gobierno represor, de que infiltra gente en las manifestaciones. Yo creo que algo hay de eso. Sí, mucha gente sale a manifestarse porque quiere, ya lo dije.
Para ser más claro: ¿Alguna vez se han detenido a pensar que estos “infiltrados” (encapuchados que queman camiones y edificios) podrían ser enviados por la izquierda para acusar al PRI? Una mentira repetida mil veces se convierte en verdad. La política es maquiavélica. Y los tiranos también se disfrazan de viejitos bondadosos. Ni a ustedes ni a mí nos consta quién de ellos dice la verdad. Lo peor que podemos hacer es hacernos los sordos y ciegos. Yo no les creo a ninguno. Uno mantendrá hasta el día de su muerte el argumento de que se trata de un complot y el otro que existe un interés desestabilizador, de quienes no comparten su proyecto de nación.
México tiene 110 millones de habitantes. Una manifestación con 100 mil personas no representa ni el 1 % de la población.
Las multimillonarias ventas del “Buen Fin” (que aumentaron 10 % en comparación con el año anterior) nos demuestran que una mayoría de la población ya superó lo de Ayotzinapa y lo demás es una guerra entre el gobierno y sus opositores, en la cual, desafortunadamente, la población (en particular, jóvenes sedientos de justicia) es tan solo un puñado de marionetas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario