¿Se puede reclamar justicia sin exigir venganza? ¿Se puede
acudir al grito sin lanzar la piedra que se lleva escondida bajo la manga? ¿Es
posible manifestarse sin despertar enojo en otros? ¿Podemos defender una
causa sin ofender a quienes no lo hacen?
No. En este país, no.
La rabia se ha contagiado y se esparce como una epidemia. Lo
bueno de todo esto es que obligará a los gobiernos a realizar un cambio. No
creo que por ello dejen de ser corruptos, quizá más discretos. Lo malo es que
estas manifestaciones no despiertan consciencias; por el contrario, siembran
odio. Odio hacia el gobierno (ganado a pulso) y odio hacia quienes no piensan
igual, (en estos casos, a veces, enojo pueril). ¿A quién no le molesta que le
contradigan? Nuestra sociedad nos ha educado a creer que estamos bien
informados y que tenemos la razón y —lo peor de todo— a exigir, sin importar
los medios, que nos den la razón, aunque esta sea una nauseabunda insensatez.
Sería radical decir que todos son radicales. La verdad es que
al 99 % de la población le vale un cacahuate lo que sucede en el país. Basta
con echarle un ojo a las súper ventas del “Buen Fin”. Medio millón de
manifestantes —hay quienes se aferran a que esa fue la cantidad que acudió al
Zócalo el pasado 20 de noviembre, les daré gusto—, no representa ni el 0.01 por
ciento de la población. Lo demás es ruido mediático, columnas en periódicos, tuits
e insultos en internet, pero en cuanto salen de las redes sociales se acaba la
indignación. “¿Quieres ir al cine, mi amor?” “Sí, necesito olvidarme de todo
este caos social”.
El día que salgan a las calles mínimo 11 millones de
personas, podremos decir que el 1 % está cansado. Ojalá fueran 50 millones. ¿Se
imaginan? Eso sí paralizaría al país. Hagamos honor a la verdad. EPN ganó —nos
guste o no— las elecciones con el 30 % de los votos. Y si AMLO (por quien yo
también voté con el único fin de que no regresara el PRI) hubiese ganado,
también habría sido con ese porcentaje. Porque en este país urge la segunda
vuelta electoral. Pero no lo van a hace, porque no les conviene. ¿Por qué creen
que se han inventado tantos partidos políticos?
Pero regresemos a donde estábamos: ¿Se puede acudir a una
manifestación con los ojos abiertos? No. Porque al hacerlo se decide no acudir.
Sin el embrujo no se puede repetir la misma cantaleta. “Vivos se los llevaron,
vivos los queremos.” No importa que estén muertos, porque este reclamo ya no
exige el regreso de los normalistas, sino la renuncia del presidente, con lo
cual el único ganón sería Andrés Manuel López Obrador, quien se ha esmerado en
repetirle a sus seguidores que Enrique Peña Nieto debe renunciar antes del
primero de diciembre, pues (bien lo sabe) sólo así, de acuerdo con la
constitución, el pueblo bueno podrá elegir al nuevo presidente, de lo contrario
(después del primero de diciembre), lo haría el Congreso. Uy, eso sí sería malo
para él, pues el PRI tiene mayoría en el Congreso y en el Senado.
Es legítimo exigir justicia. No cabe duda que hemos tenido
gobiernos represores, con un ejército y policías sanguinarios. Todos lo
sabemos: la matanza del Tlatelolco en el 68 (por el PRI); la matanza del jueves
de Corpus del 71 (por el PRI); la matanza de Aguas blancas, Guerrero en el 95 (por
el PRI); la matanza de Acteal en el 97 (por el PRI); los abusos en San Salvador
Atenco en el Estado de México, en el 2006 (por PRI-PAN); la muerte de 49 niños en
la guardería ABC (por PRI-PAN); la matanza de Tlatlaya (por el PRI); y los 43
estudiantes de Ayotzinapa (por el PRD, gobernantes apadrinado por AMLO).
No podemos combatir toda esta barbarie con más barbarie. Ha
llegado el momento de que la población adopte maneras más inteligentes de
manifestarse. Todo esto implica una labor social mucho más profunda: cambio de
hábitos, educación, preparación académica, principios, creencias religiosas y formas
de ver las cosas.
¿Y si el presidente renuncia? No nos quedará de otra más que
ver la corriente pasar. Las cosas no van a cambiar mucho. Quien le arrebate el
puesto gozará de la gloria por un par de meses, pues pronto —para desgracia del
pueblo ingenuo— llegará la venganza del PRI y comenzará la misma historia:
acusaciones, manifestaciones, campaña sucia. ¿O ya se olvidaron de todas las
malas jugadas que le hizo el PRI al PAN en sus dos sexenios?
Por supuesto que las marchas traen consigo odio; sin embargo, ¿no crees que ese odio sea una buena "excusa" para ir en busca de esa labor social mucho más profunda que mencionas? Yo lo creo.
ResponderEliminarComo dijo Denise Dresser: -En México hay mal gobierno, pero también malos ciudadanos. Un buen gobierno se constituye con base en buenos ciudadanos y sólo los inconformes lo son.- Por ello creo que las manifestaciones juegan un rol muy importante, porque los manifestantes son gente inconforme, y en su mayoría la gente inconforme es la que se devela, la que se informa, la que participa, se compromete y va en busca de "esa labor social más profunda", pero vaya, todo es gradual, así que uno no puede esperar que el país mejore sólo marchando. México sólo prosperará de verdad cuando la gente se reeduque.