El apagón analógico me tiene sin cuidado. De
hecho, mi televisor no tiene antena ni cable. Solo Netflix. Esto se debe a que
en las últimas dos décadas mi relación con la televisión era casi nula. Me
aburría tanto que me quedaba dormido y eso que ni de chiste le ponía a la
programación de Televisa y TvAzteca. Tuve Dish unos cuantos años y lo único que
veía era los noticieros de CNN, MVS y el Canal Once. De vez en cuando una
película o alguna serie. Doctor House me gustaba al principio, luego me pareció
exagerado e inverosímil. Por muy fregón que sea tu jefe no le aguantas tanta
humillación. Menos en Estados Unidos donde se interponen demandas legales por
cualquier tontería. La ley y el orden me cansó. Entre mis preferidos estaban
The Good Wife y Lie to me, ambos casi impecables.
Intenté comprometerme con otras series de
televisión pero terminaba fastidiado. The L Word, me pareció interesante por el
enfoque, comenzó bien y pronto salió con una cadena de tonterías. Chicago Fire
era muy inconsistente. La primera temporada de Orphan Black es buena, lo demás
va empeorando poco a poco. Boardwalk Empire me gustó pero me aburrió, no tanto
como Mad Men. Los Soprano todavía no la he visto. Ante Game of thrones me quito
el sombrero. Los Borgia, también me pareció una gran producción.
Un día apareció Netflix y cancelé mi
subscripción de Dish y adiós a los comerciales. No saben cuánto los detesto, y
más esos que tratan al televidente como idiota. Igual los de radio. Sterern,
Spring Air y Seguros el Águila se llevan el primer lugar en idiotez.
Pero les estaba contando sobre las series de
televisión que he visto. Lástima que Boss sólo duró una temporada. Era mejor
que House of Cards, la cual se desplomó en la tercera temporada. Creo que les
dio miedo tiranizar la imagen del presidente gringo. Breaking Bad marcó un
antes y un después. Y vaya que me rehusé a verla, pues creía que era algo así
como La ley y el orden en versión narcos gringos. Aunque hay algunas cosas que
me parecieron absurdas (como las pésimas representaciones de los latinos) la
serie me pareció una producción excepcional. Pero lo mejor de todo fue el
análisis psicológico de los protagonistas.
Después de Breaking Bad creí que no
encontraría algo mejor en televisión, pero apareció The Walking Dead. La verdad
es que la serie ya iba en la quinta temporada. Pero me negaba a verla por el
tema de los zombis. Siempre imaginé que sería un serie tonta y con soluciones
sacadas de la manga. No sé, el asunto de los zombis sigue sin convencerme. No
me gustan. Se me hace estúpido que haya gente que se disfrace de zombi. Un
zombi es un ente que no piensa. ¿Quién quiere asemejarse a alguien que no
piensa? (Es una pregunta retórica.)
Total que en unas cuantas semanas me eché
cuatro temporadas. Mientras desayunaba, comía y cenaba, cuando me daba insomnio
o cuando me deba la gana de no hacer nada.
Insisto, el tema de los zombis me parece
inverosímil pero lo que verdaderamente me atrapó fue el tratamiento que se le
dio a la serie, a los personajes, a los hechos, las historias. Los
protagonistas están perfectamente delineados. La diferencia entre Game of
Thrones y The Walking Dead es que la primera sucede en un mundo ficticio y los
asesinatos se vuelven superficiales. En la segunda son seres humanos, como
nosotros, con vidas cotidianas, que de pronto tienen que aprender a sobrevivir.
Un profundo análisis de la humanidad. La
modernidad, la tecnología, la sociedad en que vivimos nos hace de la forma en
que somos y creemos conocernos. Lo cierto es que las catástrofes son la prueba de
fuego. Mientras veía cada uno de estos capítulos me preguntaba cómo
reaccionaría yo. ¿Abandonaría a mis compañeros para salvar mi vida o me
quedaría con ellos hasta el final? ¿Mataría a los enfermos de gripa, como lo
hizo Carol, para evitar la propagación? ¿Tendría miedo como Eugene?
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