Soñé que estaba formado en la taquilla de la Ópera de Nueva York. Ahí mismo conocí a una mujer de unos cuarenta años, que por su belleza y elegancia le sentaban muy bien. Caminamos al estacionamiento y ahí se nos acercó un empleado del valet parking, quien muy al estilo mexicano preguntó "¿Cuál es su carro, señorita?" Y ella respondió: "Un Jaguar gris plata".
No recuerdo qué estábamos platicando pero sí que estaba muy interesante. Entonces llegó el valet con el auto de lujo y yo le dije a la mujer a tono de despedida que iba al "mall" de en frente a comprar un traje para la ópera de esa noche. (Nunca he estado en Nueva York y no sé si por ahí haya algún centro comercial pero en mi sueño sí había uno y muy grande.)
"Yo te acompaño", respondió ella dejando al valet con la mano extendida a un lado del flamante automóvil. Cruzamos la calle caminando. De pronto se le rompió el tacón derecho y estuvo a punto de caer en medio del pavimento. Se quejó del dolor como si estuviese a punto de parir. Al otro lado de la calle habían taxis y una ambulancia. Ella se dirigió cojeando al servicio de emergencia que era la cosa más moderna y tecnológicamente extravagante que he visto en mis sueños. Se abrió automáticamente una compuerta de la parte trasera de la ambulancia y salió una cama tamaño matrimonial con colchón tapizado en cuero café.
"¿A qué hospital la llevamos?, preguntó el paramédico. Y ella respondió: Vamos aquí al "mall". Del semáforo a la entrada de la plaza eran poco más de cien metros. Avanzo la ambulancia y llegamos en segundos. La mujer bajó sola y con los tacones en la mano. " Tengo que comprar unos zapatos", dijo con la mirada hacia el interior de la plaza, como quien ha añorado ese momento toda su vida, y entró.
Entonces yo me pregunté muy preocupado: "¿Espera que yo pague el servicio de la ambulancia?" Afortunadamente me desperté.
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