No debería sorprendernos la
ingenuidad de Kate del Castillo.
Primera porque todos sabemos que
las actrices de telenovelas lo único que leen son guiones de telenovelas, salvo
algunas excepciones.
Segunda porque la narco-cultura es
como un imán. Basta con ver el éxito que han tenido los narco-corridos y las
series producidas sobre el tema en los últimos años.
Y tercera, a todos nos encantan los
villanos. El Marqués de Sade, Maquiavelo, Hitler, etc. La literatura y el cine
no existirían sin ellos. Aunque en muchas películas el villano es una
caricatura de la maldad, muy alejada de la realidad: Darth Vader, Maléfica.
Pero lo cierto es que en la vida real no los queremos cerca. No aguantarían a
un doctor House como jefe (solo por mencionar a un ojete de la pantalla chica).
Pero les aseguro que no querrán tener una mamá como Mary, interpretada por
Mo'nique en la película Precious.
Por lo anterior se entiende por qué
Kate del Castillo se tragó el cuento de La reina del sur, serie inspirada en la
novela de Arturo Pérez-Reverte, en la cual la protagonista es casi una víctima
del narco. Se la creyó tanto que escribió una carta en la que decía que
prefería tener a El Chapo como presidente de la República. Hay que ser
verdaderamente ingenuos para pensar algo así. La continuación de la historia ya
lo sabemos.
En el caso de Sean Penn no se trata
de ingenuidad. No es reportero ni activista, es un cazador. Sus presas: el
público. La carnada: estos personajes polémicos como Hugo Chávez, Fidel Castro
y el Chapo.
Por otra parte, es bien sabido que
El Chapo tiene una debilidad por las mujeres y al enterarse que a Kate se le
caía la baba por él, pues "tráiganmela", le ha de haber dicho a sus
abogados. "Que quiere traer a un actor gringo". "Pues que lo
traiga". Joaquín Guzmán Loera les dio una lección de actuación a Kate del
Castillo y a Sean Penn. Les dijo lo que ellos querían escuchar: "Yo soy un
humilde campesino en busca de la felicidad."
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