Mis libros

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miércoles, 22 de octubre de 2014

El día que podremos decir que México ha despertado.

El reclamo de alrededor de cien mil personas ayer en el Zócalo hizo eco y seguirá haciendo eco. Tanto que el gobierno de Enrique Peña Nieto se tambalea en la cuerda floja. La estrategia príista de gritar a los cuatro vientos que todo en México está de maravilla ya no funciona como en los setenta años que gobernó el PRI.

Mientras en monótonos y aburridos discursos, el presidente afirma que están trabajando por un mejor país, en las redes sociales se denuncia la injusticia, la corrupción, la impunidad, el robo, la carencia, el hartazgo.

Soy escéptico, no por pesimista, sino por realista. Veo el panorama desde arriba, o por lo menos eso intento, y siempre encuentro esos detalles que me hacen dudar, que me dicen "de ahí no pasará". El otro día dije que la indiferencia de la ciudadanía es tan grande como el cinismo de la clase política. Pero ayer, y en los días anteriores en muchas partes del mundo, más de cien mil personas han demostrado no sólo su solidaridad con los familiares de Ayotzinapa, sino también su hartazgo ante lo mal que la clase política ha manejado este país.

Hay días en los que soy optimista, lo cual también implica jugar a ser ingenuo, y quiero creer que por fin México ha despertado. Pero como no me gusta jugar a ser ingenuo, aplaudo por un lado la solidaridad de los que se han unido al reclamo y por otro pregunto, a propósito del ultimátum que impusieron ayer al gobierno de traer de regreso a los estudiantes en dos días. ¿Qué piensan hacer si mañana regresan vivos los estudiantes normalistas? "Muchas gracias por cumplir con nuestras exigencias, ya pueden volver a sus vidas corruptas, señores del gobierno". ¿Y si no regresan vivos?

"Fue el Estado" es una acusación muy seria e irresponsable porque los mexicanos pusimos a los políticos con nuestros votos o nuestra abstinencia al voto. Entonces "Fue el Estado" se traduce a "Fuimos todos los mexicanos".

La amenaza está en el aire y fluirá rápida y masivamente por todos los medios, principalmente en las redes sociales. Y no es cualquier amenaza. El gobierno y la sociedad la debe tomar en serio. En este punto es cuando me pregunto nuevamente: ¿En verdad México ha despertado? Yo creo que no. Esto y muchas otras muertes e injusticias han encendido la ira, la indignación, el dolor de los mexicanos (debería decir algunos, porque cien mil en un país de 110 millones es poco) y probablemente generará más manifestaciones, pero no hará que la población cambie, no como debe cambiar. Lo que estamos viendo es indignación colectiva.

No confundamos indignación colectiva con consciencia colectiva. Si estamos indignados lo mejor será comenzar por aceptar la culpa que nos corresponde como sociedad (lo cual no implica deslindar de culpas y perdonar al Estado), hacer consciencia colectiva y comenzar a cambiar.

El día que nos podamos parar en cualquier avenida del país y ver que los peatones y conductores esperan pacientemente a que la luz del semáforo se ponga verde; el día que no haya un solo automóvil estacionado en las banquetas; que nadie tire ni una basura en la calle; que los del camión del gas no le roben a su clientes; que todos los microbuseros esperen pacientes en su carril a que el camión de enfrente avance; que los taxistas no alteren sus taxímetros; que los policías no extorsionen a los automovilistas; que los estudiantes no bajen las tareas de internet; que no pregunten a sus maestros si el tema del día vendrá en el examen; que la burocracia no sea corrupta; que los empresarios tampoco sean corruptos y abusivos con la clase trabajadora; entre otras mil cosas, en resumen, que haya sinergia, que haya consciencia colectiva, ese día podremos decir que México ha despertado.

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