—Comadrita,
¿ya se enteró que la hija de la vecina está embarazada?
—¡Uy! Ya todo
el fraccionamiento lo sabe.
—¿A poco saben
quién es progenitor?
—Pues para que
le miento, si sólo he escuchado rumores.
—No se haga,
que bien sabe que su hijo anduvo por esos jardines.
—¡Maldita
vieja chismosa! Eso se saca una por andar haciendo amistades con cualquiera.
Así veo el
efecto de la película “La dictadura perfecta”, recién estrenada el jueves
pasado. No lo niego, hasta yo me emocioné cuando vi el tráiler de la película.
Pero ahora viendo el efecto (sin juzgar la película), me doy cuenta de que es como
un secreto a voces. Sí, sí, ya todos sabemos lo que prometía la película, ya
sabíamos o creíamos saber la forma en que se orquestó la postulación del
candidato (de la película) a la presidencia.
Somos como la
primera comadre de mi alegoría: nos encanta chismorrear sobre la política de
nuestro país, creemos saberlo todo y criticamos con dureza. Y al mismo tiempo
somos como la segunda comadre: cuando la culpa recae en nosotros nos
indignamos.
¿Y en qué
consiste nuestra culpa? En nuestra irresponsabilidad e incapacidad de educar y
vigilar a ese hijo (el gobierno y los políticos.) Me pregunto y les pregunto:
¿Cuántos de ustedes salieron de la sala de cine deprimidos, enojados, con una
mentalidad opuesta a la anterior, dispuestos a hacer un cambio positivo en su
país? ¿Cuántos hicieron un análisis profundo? ¿Cuántos dejaron de ver la
televisión desde entonces? ¿Cuántos decidieron hacer una huelga de consumo en
la próxima venta del “Buen fin” y en las fiestas decemibrinas? ¿Cuántos…? Ya
fue mucho…
Seamos
honestos: Esta película, al igual que “El infierno”, “Un mundo maravilloso” y
“La ley de Herodes” hizo reír y reflexionar a sus espectadores por unas horas,
quizá unos días, pero hasta ahí.
Cuando la “Ley
de Herodes se estrenó en 1999, se estrenó salió con 250 copias. “La dictadura
perfecta” salió con 1200 copias. Y al parecer recaudó más de ocho millones de
pesos el primer día.
Hubo quienes
se preguntaban si el gobierno iba a censurarla. (Hacerlo únicamente iba a
incrementar la popularidad de la película). Hay quienes dicen que es la
película no trae nada nuevo. (Obvio, no es un documental ni mucho menos una
denuncia). Y los que le encuentran las pulgas a todo alegan que es una película
financiada por el PRI y Televisa y que algo están tramando. En fin.
El estreno de
esta película tuvo sin cuidado al gobierno de Enrique Peña Nieto, porque saben
que los mexicanos somos bien dejados. A este país ya nada lo mueve de verdad.
La muerte de los niños de la guardería ABC sigue impune. La muerte de los
estudiantes de Ayotzinapa (aunque sigan diciendo que están desaparecidos)
quedará impune. Y así podemos hacer una larga, muy larga, lista de muertos y
desaparecidos y de fraudes y de crímenes y de corrupción, y las cosas en México
siguen igual. Sí, salen a las manifestaciones y mientan madres y queman
camiones y rompen vidrios y grafitean muros. Lamentablemente, el grito a nivel nacional dura poco, porque el verdadero dolor, siempre es local, donde el reclamo nunca calla.
Total, en cuanto
comienzan las fiestas se olvida todo el desmadre político y social. Feliz navidad
y próspero año nuevo.
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