"¡Compañeras! ¡Compañeros!
Estamos aquí para hacer el cambio. Ha llegado la hora de demostrarle a este gobierno corrupto que estamos hartos de su represión, de su indiferencia, de tanta impunidad, de tanta injusticia. Ha llegado el momento de hacer el cambio verdadero. Vayan a los mercados y compren alimentos para una semana: únicamente verduras, vegetales, carnes, productos lacteos y de primera necesidad. Nada de cigarros, alcohol y drogas. No vayan a los cines, ni a los estadios de fútbol, ni a restaurantes, ni a las discotecas o bares. Enciérrense en sus casas. Desconecten todos los aparatos electrónicos. No vean televisión, ni escuchen el radio, ni utilicen el internet, no lean periódicos ni libros. Utilicen el agua, el gas y la luz únicamente para casos de extrema importancia. No salgan de sus casas. No hablen con nadie. Mantenga silencio absoluto. Que las calles queden desiertas. Con esto, dentro de siete días, los magnates del país perderán fortunas multimillonarias; entonces, exigirán al gobierno que ponga fin a esta manifestación; pero sobre todo, compañeros, que de solución a nuestras demandas. Comprenderán que hemos despertado."
Sí, suena descabellado. Una utopía. Algo que jamás sucederá porque la ciudadanía es demasiado egoísta. Como prueba basta un botón: el pasado 30 junio elementos del Ejército mexicano fusilaron a 21 civiles. Hay 38 estudiantes desaparecidos tras el ataque perpetrado en Iguala contra estudiantes de la Normal Rural Raúl Isidro Burgos de Ayotzinapa y el equipo de fútbol Los Avispones, donde murieron seis personas. El gobernador de Guerrero informó que dos de los 22 policías están plenamente identificados como los responsables de la muerte de los estudiantes.
¿Cuánta gente se ha movilizado para exigir justicia por estos dos casos? Las verdaderas manifestaciones requieren de verdaderos sacrificios. Salir a las calles, caminar unas cuantas horas, grafitear paredes y destrozar ventanas no sirve de mucho. Basta con echar un vistazo a la historia.
La marcha del 2 de octubre se ha desvirtuado. Ahora es sinónimo de vandalismo. (No todos, aclaro). Pero muchos ni siquiera saben qué fue lo que ocurrió en realidad. La mayoría ni siquiera habíamos nacido. Y después de 46 años ninguna de estas conmemoraciones han cambiado al gobierno. Para la clase política es un día en el que los niños mal criados salen a portarse mal. Y al día siguiente todo vuelve a la normalidad, tan es así, que muchas de estas personas que en estos días han salido a las calles a reclamar justicia y a mentarle la madre al gobierno, en un mes estarán quitados de la pena haciendo sus compras en el "Buen Fin".
Hay quienes creen que con mi postura traiciono a la patria. He recibido comentarios como: "Me has decepcionado". Con la pena, pero jamás me verán apoyando las marchas. No soy ningún agachón ni estoy defendiendo al gobierno. Si fuera así, escribiría sobre libros, poemas, películas y la belleza de México. Simplemente pienso que la mejor manera de manifestarse es con inteligencia.
Existen evidencias de que los boicots funcionan. Un ejemplo muy simple: Tras la muerte de la cantante texana Selena Quintanilla, el locutor estadounidense, Howard Stern se burló en su programa de radio en Nueva York, de su trágica muerte, su familia y su música. Dijo que Alvin y las ardillas tenían más alma, que los hispanos tenían el peor gusto por la música y que no tenían profundidad. Estos comentarios indignaron a la comunidad hispana a tal grado que se llevó a cabo un boicot en contra de los productos que patrocinaban el programa de Howard Stern, entre ellos Gatorade y Sears, empresas que perdieron millones de dólares en unos cuantos días y que, además de deslindarse del locutor y sus comentarios, obligaron a Stern a ofrecer disculpas públicas en español. Un día después, el juez de paz Eloy Cano de Harlingen, Texas emitió una orden de arresto sobre Stern por alteración del orden, pero Stern nunca fue arrestado.
https://www.youtube.com/watch?v=uSYXFhRYEYw
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