“Vete a la verga / Amargado / Es más estúpido el que escribió esto / Pinche envidioso / Chairo / Escritorcillo de cuarta, ya quisieras escribir personajes tan complejos como los de El Chavo / Eres un oportunista / Seguramente a ti te gustaba el programa y ahora lo niegas / Estás como el Peje. Nada más falta que cierres Reforma / Es una lástima que un escritor de tu talla escriba cosas así / Entonces nosotros también podríamos criticarte porque estás deformando y lucrando con la historia de México / Has perdido a un seguidor.”
Respondí a algunos de estos comentarios y alguien me escribió: “No deberías responderle así a los que te hacemos el favor de leerte.” A lo cual respondo —con el respeto que merecen y que les tengo a mis lectores— que todos los que me leen, lo hacen porque quieren, estoy seguro que la mayoría por interés, algunos por curiosidad y los menos, por morbo, pero, de ninguna manera, como un favor. Si yo le llamo a un/a amig@ y le pido que lea un texto mío, un texto que ella/él no tenía contemplado leer y lo hace, ahí, efectivamente me estaría haciendo un favor. Caso cerrado. Prosigo:
La libre expresión termina justo cuando comienzan los insultos y los berrinches. Lo peor de todo es que algunos ni siquiera leen de principio a fin lo que escribo.
Borré algunos comentarios y bloqueé a algunas personas. Incluso comenté en mi página los motivos y hasta eso les molestó a algunos, que argumentaron que yo era un arbitrario que censuraba a sus lectores. Después borré la publicación de mi página de Facebook, pensando que lo mejor sería darle gusto a los inconformes, los seguidores de Chespirito, a quienes había ofendido al decir que dicho programa de televisión promovía la estupidez. Incluso estuve a punto de cerrar mi página de Facebook. Se me quitaron las ganas de volver a publicar artículos u opiniones. Pensé que no valía la pena lidiar con gente terca, grosera o tonta. Luego me arrepentí de haber eliminado mi artículo; afortunadamente lo había dejado en mi blog: http://
Si yo escribiera para agradarle a la gente, mis publicaciones serían a tono alarmista, siempre insistiendo en una conspiración del gobierno en contra de nosotros “los humildes ciudadanos” —dejando a un lado toda objetividad—, jamás comentaría nada en contra de la iglesia, pondría una foto de Chespirito con un moño negro —con la frase entrañable de “Se nos fue un grande. Descanse en paz”—, celebraría todos los días festivos y frívolos con mis lectores y… ¿por qué no?, un chiste de vez en cuando. Seguramente tendría millones de seguidores. Pues ahora no me queda duda que a muchos les gusta que les den por su lado.
Pero no me interesa quedar bien con esa gente. Yo escribo lo que pienso. Trato de ser congruente y objetivo. No trabajo para ningún periódico, estación de radio, revista o programa de televisión, no tengo la obligación de repetir lo que muchos repiten. No necesito quedar bien con el dueño de una empresa. No soy nacionalista ni patriotero. No soy peñista, ni amloista ni calderonista ni chespiritoista ni guadalupano ni cristiano. Soy un librepensante.
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