Mi formación académica fue pésima. Espantosa de la A a la Z. Lo que
aprendí fue a regañadientes. Lo que sé hoy en día es por mérito propio, por un
genuino interés por aprender, por conocer la historia universal. ¿Matemáticas?
No, eso no se me da. O mejor dicho, no le he dedicado el tiempo suficiente.
Pues siendo sincero, para escribir historia de nada me sirve la raíz cuadrada.
Recuerdo perfectamente a un mofletudo profesor de matemáticas que jamás
me tuvo paciencia y que aseguraba que yo sería un don nadie.
Mi abuela materna solía darme de golpes con el palo de una escoba,
entonces yo le respondía que me respetara. Ella lo tradujo de forma inadecuada
ante la familia. Según ella, yo exigía que se humillara ante mí. Yo, siendo un
niño, tenía perfectamente claro el significado de la palabra
"respeto". Mi abuela, como millones de adultos, olvidó que alguna vez
fue niña.
Para muchos adultos, ser niño es sinónimo de ignorancia y rebeldía. Si
el niño saca malas calificaciones es culpa del niño, jamás de los padres ni de
los profesores. O la nueva salida de escape: mi hijo tiene TDAH (trastorno por
déficit de atención con hiperactividad), casi como decir, "mi hijo está
retardado o me salió con un defecto en su cabecita, por eso se le perdona
todo". Pues sí, ni modo de decirle a la maestra: "La verdad es que
soy un padre negligente". En este país los padres asumen que con amor,
castigos y premios el niño quedará bien educadito.
En esta sociedad se nos educa, como borregos, a celebrar el día de la
madre y del padre, en pocas palabras, sumisión total, cállate que soy tu padre
y ni si te ocurra pensar que tu madre es una ignorante. Porque no importa qué
tan negligente sea ella, debes respetarla y venerarla. Se exige licencia para
conducir, cierta edad para comprar alcohol, permiso para poner un negocio, pero
NADA, absolutamente nada, para tener hijos. La reproducción está permitida para
todos, sin importar cuánto daño le puedan hacer a ese futuro ciudadano. Si a
los pendejos se les prohibiera reproducirse la humanidad estaría en peligro de
extinción. Pero claro, hay que luchar contra el aborto.
Acepta los hijos que Dios te dé. Ya después le echaremos la culpa al
TDAH. En esta sociedad se ha dado por hecho que el niño debe aprender lo que se
le enseñe. Obedecer, obedecer. Prohibido fracasar en la escuela. Entonces el
niño recibe una enorme carga social. La culpa es suya, siempre suya.
¿Y el sistema educativo? Ése ni se toca. Al igual que los padres de
familia, los profesores defienden con uñas y dientes su labor. Asumen que todo
lo que hacen está bien. Así funciona la sociedad mexicana: jamás admitas tus
deficiencias en público. Pero, ¿qué hay de malo en admitir que el sistema
educativo en México está de la chingada? Es la verdad. Con los programas de
estudio de la SEP no se le enseña a los niños a pensar, a crear, a juzgar ni a
decidir. Impensable que un maestro le pregunte a un alumno si quiere aprender
matemáticas o no. ¿No te gustan la historia?, pues te chingas porque si no
aprendes vas a ser un don nadie.
Ya ni hablar de los líderes sindicales que
tienen secuestrada la educación en México y que le hacen más daño al país que
el mismo narcotráfico.
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