Muchos festejamos
hace pocos días que se retirará la publicidad de la comida chatarra de la
televisión. Hace poco yo mismo escribí en este mismo medio que —igual que las empresas
tabacaleras— otras empresas como Nestlé, Coca Cola y Bimbo deberían ser
obligadas a informar a sus clientes el daño que provocan sus productos, como el
cereal Fitness que promete ayudar a bajar de peso pero contiene cuatro cucharadas
de azúcar por porción o los refrescos que contienen entre doce y dieciséis cucharadas
de azúcar.
Ahora me pregunto si
en verdad serviría. ¿Cuánta gente ha dejado de tomar refrescos sabiendo que son
pura azúcar? ¿Cuántos han dejado de fumar? Al ver las advertencias sobre el daño
que provoca el cigarro uno pensaría que las empresas tabacaleras están perdiendo
mucho dinero, pero he llegado a la conclusión de que es todo lo contrario.
En primera no se han
ido a la quiebra y en segunda todos sabemos que lo prohibido, especialmente para
los jóvenes, se vuelve más atractivo.
Ayer estaba leyendo
una nota en la página de la BBC que un
tribunal de Florida ordenó a RJ Reynolds —cuyas marcas de cigarrillos incluyen Camel,
Kool, Winston y Pall Mall— el pago de 23.600 millones de dólares a la viuda de un hombre que fumó entre uno y tres paquetes de cigarrillos al día,
durante más de 20 años, alegando que fue
negligente a la forma de informar a los consumidores de los peligros de fumar
tabaco.
¿Qué
quiero decir? Que con estas nuevas advertencias se acabarán estas demandas exorbitantes
y quedará claro que culpable no es quien produce la bala sino quien jala el gatillo.
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