Mis libros

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domingo, 20 de julio de 2014

Culpable no es quien produce la bala sino quien jala el gatillo

Muchos festejamos hace pocos días que se retirará la publicidad de la comida chatarra de la televisión. Hace poco yo mismo escribí en este mismo medio que —igual que las empresas tabacaleras— otras empresas como Nestlé, Coca Cola y Bimbo deberían ser obligadas a informar a sus clientes el daño que provocan sus productos, como el cereal Fitness que promete ayudar a bajar de peso pero contiene cuatro cucharadas de azúcar por porción o los refrescos que contienen entre doce y dieciséis cucharadas de azúcar.
Ahora me pregunto si en verdad serviría. ¿Cuánta gente ha dejado de tomar refrescos sabiendo que son pura azúcar? ¿Cuántos han dejado de fumar? Al ver las advertencias sobre el daño que provoca el cigarro uno pensaría que las empresas tabacaleras están perdiendo mucho dinero, pero he llegado a la conclusión de que es todo lo contrario.
En primera no se han ido a la quiebra y en segunda todos sabemos que lo prohibido, especialmente para los jóvenes, se vuelve más atractivo.
Ayer estaba leyendo una nota en la página de la BBC que un tribunal de Florida ordenó a RJ Reynolds —cuyas marcas de cigarrillos incluyen Camel, Kool, Winston y Pall Mall— el pago de 23.600 millones de dólares a la viuda de un hombre que fumó entre uno y tres paquetes de cigarrillos al día, durante más de 20 años, alegando que fue negligente a la forma de informar a los consumidores de los peligros de fumar tabaco.
¿Qué quiero decir? Que con estas nuevas advertencias se acabarán estas demandas exorbitantes y quedará claro que culpable no es quien produce la bala sino quien jala el gatillo.

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