Mis libros

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domingo, 10 de agosto de 2014

¿Adiós a la programación basura?


Hace tres décadas los televidentes estábamos condenados a tragarnos la misma mierda a la misma hora. Los niños no podíamos ver más caricaturas que las del cinco y las del trece, cuando era canal del Estado. Para los adultos sólo estaban las telenovelas de Lucía Méndez, Verónica Castro y Victoria Rufo; y por supuesto el, que entonces parecía perpetuo, noticiero de Jacobo Zabludovsky: 24 horas.
Únicamente aquellos que gozaban de una ostentosa —y por qué no decirlo: estorbosa— antena parabólica podían presumir que no tenían que ver la misma basura. Yo, por ser pobre, jamás tuve una en mi casa y nunca me enteré de qué tipo de programación tenían los “afortunados”.
Conocí la televisión de paga en 1989, cuando me mude a Estados Unidos, donde hasta los pobres podían pagar dicho servicio. Una de las cosas que llamó mi atención en aquellos años fue que el servicio llegaba por un cable y no por las antenas mamonas que se veían en las azoteas de México. Creo que para entonces ya habían pasado de moda en Estados Unidos.
Disfruté de la televisión de paga entre los quince y los dieciocho años. Me encantaba ver películas en HBO, Cinemax, Showtime y TNT, cuando la única forma de ver películas recientes era en esos canales. No había películas pirata ni mucho menos devedés. Luego me aburrió. Quizá porque fui creciendo y mis gustos se hicieron más exigentes.
Los partidos políticos han cacareado que con la nueva reforma de telecomunicaciones habrá más canales y mejor programación. Falso. Es una reforma que llegó demasiado tarde.
El único y verdadero cambio lo están haciendo los canales en internet. Y para ser más precisos: Netflix, que apostó por una innovadora forma de ofrecer programación a la carta, sin cortes comerciales y sin censura. Los sistemas de cable habían ofrecido algo parecido, graba tu programa… pero espera a que salga. ¿Y si no vi el primer capítulo de la nueva serie y no lo grabé? Ni modo, espere a que se retransmita por televisión abierta.
En alguna ocasión quise ver 24 y Mad Men pero no me atraparon porque ya iban en la temporada cuatro o siete, quién sabe. No entendí de qué trataba la serie. Con televisión a la carta uno puede ver la serie que uno quiera desde el primer capítulo, el día y a la hora que quiera, las veces que quiera y los capítulos que desee. Uno puede calificarlos y escribirle comentarios a Netflix como: “Esta serie me encantó”, o “está de la chingada”. Además están haciendo sus propias series como “House of cards” y “Orange is the new black”, las cuales son impecables y sin censura. Con la televisión abierta no había más que aguantarse, cambiarle o  apagarle.
Ahora bien, ¿con esto se va a acabar la programación basura? Lo dudo. Siempre habrá idiotas que quieran comer mierda, aderezada con anuncios de seudo-medicamentos para las hemorroides y la gastritis.

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