Y de pronto
todos son altruistas. Ahora sí todos quieren ayudar. Súbitamente a todos les
preocupan los pacientes con Esclerosis lateral amiotrófica, aunque desde hace
por los menos veinte años el físico Stephen Hawking haya llamado la atención de
los medios, no sólo por su mente brillante, sino por esta enfermedad que lo
tiene en una silla de ruedas.
El Ice Bucket
Challenge es únicamente alimento para el ego. Es una diversión disfrazada de
filantropía. Droga para narcisistas. “Miren, cuánto arriesgo mi salud por las
víctimas de Esclerosis lateral amiotrófica”.
El trabajo
altruista tiene otra cara y viste más humilde. Y de esta especie se conocen muy
pocos, aunque haya muchos. Los héroes de verdad no suben al escenario cuando
hay espectáculo, ellos están haciendo la chamba todo el año.
Y qué mejor
ejemplo que los voluntarios de la Cruz Roja Mexicana. Aunque no lo crean hay
quienes piensan que esta institución pertenece al IMSS o al ISSSTE. La Cruz
Roja tiene empleados, pero también tiene muchísima gente sin goce de sueldo.
Tan sólo en Polanco hay 80 enfermeras, 800 paramédicos y 150 adolescentes voluntarios,
gente que además de sus actividades semanales va una o dos veces por semana a
ayudar.
Ellos están en
semana santa en Iztapalapa curándole los pies quemados a los nazarenos; el 15 y
16 de septiembre atendiendo borrachos, el 12 de diciembre a los peregrinos con
las rodillas sangradas, y el resto del año atendiendo, accidentados, atropellados
y baleados.
Los 150
adolescentes voluntarios que les mencioné se llaman “juventinos” y asisten
todos los fines de semana a múltiples actividades como aprender a dar primeros
auxilios, dar asistencia hospitalaria, dar animación hospitalaria (se visten de
payasos para darles alegrías a niños con cáncer), visitas a casa hogar, asistir
a los ciclistas en Reforma los domingos, entre muchas otras actividades.
Gratis.
Ayer
entrevisté al coordinador de Juventud D.F., Isaac Cabrera, quien tiene 5 años
en este cargo.
—¿Por qué lo
haces? —le pregunté—. ¿Qué te gusta más de tu trabajo en la Roja?
—Lo hago por
un compromiso personal de alcanzar los objetivos del área y por satisfacción
personal. La convivencia con los chavos y poder hacer algo para cambiar. Y
cambiar el lugar donde vivimos.
—Describe esa
satisfacción personal.
—Las sonrisas
de los niños. El agradecimiento de las personas.
—Háblame de
alguna anécdota en la Roja que te haya cambiado o dejado una lección de vida.
—Sin duda
alguna, cuando la tutora de un chavo que había estado en rehabilitación por
drogadicción nos agradeció por la confianza y el tiempo que habíamos entregado
a su hijo, ya que con la convivencia con el grupo había cambiado su carácter y
forma de ver las cosas, que se había vuelto más accesible y agradecido en todos
los sentidos. A la tutora se le llenaron de lágrimas los ojos y se le hizo un nudo
en la garganta.
—Muchas gracias
por aceptar esta entrevista. ¿Algo más que quieras agregar?
—Sólo que existimos
diferentes áreas y el quehacer humanitario de la institución es muy diverso. Y va
más allá de las ambulancias y hospitales con los que la gente normalmente asocia
a la Cruz Roja.
—Muchas gracias.
—Por nada.
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