Mis libros

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miércoles, 20 de agosto de 2014

Filantropía enmascarada

Existe una fundación en México llamada “Fundación Mariposa” que dice que ayuda a niños a cumplir sus sueños de viajar a Disneylandia. Sí, así es. ¿Les sorprendió? El modús operandi es sencillo: ahorre. ¡Sí! Con cómodas mensualidades esta “fundación” le lleva a su chamaco de vacaciones. ¡Vaya negociazo!
Lo único ilegal de esta empresa es que trabaja como fundación, lo cual se presta para evadir impuestos. Las fundaciones en México no están obligadas a rendirle cuentas al SAT. Para la filantropía enmascarada no existen barreras. La mejor muestra está en la fundación de Vicente Fox y Martha Sahagún “Vamos México” ¿O era Vámonos de México? ¿Quieren saber cuánto dinero recibió esta fundación? 400 millones de pesos en seis años.
Si les pido que piensen en cinco fundaciones, les aseguro que podrán mencionarlas rápidamente. Y el modo también lo conocemos: en los cajeros del banco, en las cajas de los supermercados, el boteó en las calles, tarjetas de kilos de comida en tiendas, el espectáculo anual, y el ya famoso Ice Bucket Challenge.
De acuerdo con cifras oficiales para el año 2007 habían 75 595 fundaciones registradas en Estados Unidos. En México existen 430 organizaciones que llevan el nombre de “Fundación”. Falta sumarle las que se hacen llamar centro de, comisión, casa, asociación, grupo, iniciativa, liga, observatorio, patronato, programa, red, unidad y todas las que terminen con Asociación Civil (A.C.) o Institución de Asistencia Privada (I.A.P.).
No cabe duda que la filantropía ayuda a los más necesitados, lo digo en serio. Y existen muchas fundaciones que tienen luchas verdaderamente serias. El lado oscuro de esta historia está en algunos de sus creadores que se aprovechan de esto para vivir mejor y quienes donan —y lo hacen público— para sentirse menos miserables. Donar es fácil cuando se trata de cantidades irrisorias. Donar es fabuloso cuando las amistades en las redes sociales se enteran y le dan “like” al video del chapuzón con agua helada. Donar es maravilloso cuando se hace popular.
Si en verdad quisiéramos donar estaríamos cazando fundaciones todo el tiempo. O ya por lo menos, cada quincena. “Veamos, esta semana quiero donar cien pesos a la fundación llevemos comida a los rarámuris en la Sierra Tarahumara. Ah, no, ésa ya pasó de moda”.  
¿Qué pensará la gente de alguien así? “Pobre, no tiene vida ni perro que le ladre. No es para tanto. Con un balde de agua helada y diez pesos a la alcancía del Teletón una vez al año es más que suficiente”.

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